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Una vez más, y ya van muchas desde la II Guerra Mundial, Estados Unidos y, de paso, sus aliados pierden una guerra. El anciano Biden , que ya está para pocas fiestas, trata de camuflar su derrota inapelable culpando a los propios afganos del desastre humanitario. Piensa –quizás con razón– que los ciudadanos occidentales somos imbéciles. Es como si Roosevelt hubiera atribuido la expansión del nazismo a la escasa combatividad de los demócratas alemanes en los años treinta y se hubiera abstenido de intervenir en Europa. A decir verdad, estuvo a punto de hacerlo, de no haber sido por Hiro Hito y Churchill .

Como siempre, los yankis no entienden absolutamente nada y su inteligencia militar hace bueno el chiste. Corea del Norte, Vietnam, Cuba, Sudamérica entera, Somalia, Irak, Irán... La política exterior norteamericana es un completo despropósito, aunque sirva para engordar su sector armamentístico a cambio de unos miles de vidas de militares propios y afines, entre ellos, 104 soldados españoles, cuyas familias estarán desoladas. Al fin y al cabo, ninguna de esas víctimas pertenece a la ‘aristocracia’ demócrata de Nueva Inglaterra; son en su mayoría hispanos, negros y rednecks del medio Oeste, patriotas por nada. En el caso de Afganistán, además, la retirada de Occidente supondrá un nuevo auge del cultivo del opio, lo que ya se debe estar celebrando en Las Vegas.

Trump , seguramente, pasará a la historia oficial como un iluminado, pero Biden, de momento, certifica que es un cínico y quizás también un cobarde.

Y qué decir de Europa, suponiendo que tal cosa exista. Mientras la mal llamada Unión sea comandada por mercaderes alemanes y burócratas belgas, atentos todos ellos a cuentas de resultados, ni tendremos posición oficial sobre nada de lo que pase en el mundo, ni, por supuesto, dignidad alguna como demócratas de salón.

La sumisión perruna de muchas naciones a los designios de la Casa Blanca se justifica por la deuda moral con los EEUU por la financiación de su reconstrucción en la posguerra. No es el caso de España, desde luego. La recuperación económica de los sesenta se la debemos al turismo y a los tecnócratas del Opus, no a Kennedy, Johnson o Nixon . Estados Unidos se limitó a armar a Franco hasta los dientes –y blindar la dictadura hasta su muerte natural– y a repartir botes de leche en algunas escuelas. Aquí no hubo Plan Marshall, ni nada que se le pareciera. Se intercambiaron bases por material militar excedente. Ello nos legitimaría para encabezar, dentro de la UE, la iniciativa para fijar una posición propia, independiente de la del accionista mayoritario de la OTAN. Pero, con Sánchez , ya me explicarán.

El feminismo oficial balear está dispuesto a ayudar a las mujeres afganas. Concretamente, a aquellas que sean activistas por la igualdad de la mujer. Así lo afirmaba anteayer la directora del IBDona, Maria Duran . Las mujeres de a pie, las auténticas víctimas del talibanismo medieval que viene, pueden esperar. Primero salvamos a ‘las nuestras’, como siempre hace la izquierda.

Por cierto, no entiendo mucho la reacción de los progres ahora, cuando siempre estuvieron en contra de cualquier intervención militar occidental. Las afganas les importaban lo mismo que les importan las iraníes o las coreanas.