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En plena temporada turística, es momento de volver a reflexionar sobre la ecotasa. Este impuesto turístico presenta deficiencias importantes que Baleares debería replantearse con urgencia. Una de ellas enlaza con su carácter costero. El modelo que se impuso en nuestras Islas grava las pernoctaciones por adulto si el visitante (o residente) se aloja en un hotel o vivienda turística. Pero si el turista lo hace en barco, a excepción de los cruceristas, se libra de un pago que debería ser obligatorio, atendiendo a eslora, potencia y matrícula extrajera.

La contaminación del entorno a través de la náutica es una evidencia demoledora. Yates y lanchas que surcan el mar balear perjudican agua y aire. Desde las emisiones de CO2 por la combustión de miles de litros de gasoil, que muchos chanchullean como consumo agrícola para repostar barato y librarse de impuestos, hasta el incumplimiento de normativas sobre vertidos fecales y otros residuos que te encuentras en basureros flotantes.

Estos privilegiados turistas deberían pagar ecotasa. La eximente sobre los fondeados es más grave aún porque los que reservan un amarre al menos abonan tasa portuaria que revierte en las arcas públicas, pero a los que echan el ancla por libre –y reza para que no dañen la posidonia– les salen gratis las vacaciones. Ya veo fatal que vengan yates con bandera de paraísos fiscales a consumir nuestro territorio sin una carga directa que compense esa ocupación y saturación de la costa, pero es absurdo que ni siquiera se les pase factura por su impacto medioambiental.

La masificación turística también se sufre en el territorio marítimo de nuestras Islas, donde las zonas de baño, cada vez más constreñidas, son claro escenario de actividades molestas. El ruido de motores de barcos, motos y otros juguetes acuáticos agregados a las grandes embarcaciones de recreo son música de fondo que compite con el reguetón del incívico que se lleva el altavoz a la playa. Y luego está el tráfico hasta la arena por canales cada vez más anchos y frecuentes, y esas manchas de aceite con las que te encuentras nadando…

Abogo por la ampliación de la ecotasa a los turistas que pasan sus vacaciones en Baleares pernoctando en barcos y, de paso, vuelvo a reivindicar su supresión para los residentes que practiquen turismo, a los que se somete a una doble fiscalidad inaceptable. Que solo se exima a los barcos ecológicos para animar a una transformación del parque náutico que cada vez urge más. Baleares, precisamente, puede convertirse en referente de esa navegación del futuro. Hace unos días participé en la presentación de unas embarcaciones ecológicas, que lo son no sólo porque sean eléctricas y silenciosas, sino porque están construidas con madera en lugar de fibra de vidrio y plástico. La suma sostenible es lo que hace especiales a las Nauta Morgau. Y cualquier otra opción debe pagar una tasa que sea tan lógica como ecológica.