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Me he planteado si la mejor manera de empezar este texto es afirmar que somos una estirpe acomplejada a la que nos cuesta decir jo xerr mallorquí . Uno de tantos discursos desacertados basta para comprobar nuevamente que siempre reaccionamos a las provocaciones –tanto de izquierdas como de derechas– lanzadas desde el absoluto desconocimiento o interés por nuestra realidad y necesidades. Dirigentes nacionales que suelen acudir a temas que no suponen un compromiso político u económico, pero tocando temas que nos resultan sensibles y que, por desgracia, generan debates que acaban siendo improductivos, intrascendentes o bien innecesarios.

Creo que la denominación de nuestra lengua materna no es el principal problema que debamos solucionar –por estar ya resuelto– ni tampoco supone una encrucijada para nuestro futuro. Por ello es tan fácil abusar de ello y, como en otros momentos, tirar balones fuera con temas que se plantean de cara a la galería. No obstante, la reacción siempre es idéntica: engendrar discusión y división entre los habitantes de estas Islas mientras los grandes problemas de estado quedan desatendidos y ajenos de una reacción unánime y que vertebre a la población de estas Islas. Nos enfangamos en lo de siempre y creo que no es necesario insistir sobre esta necesidad reciente de que otros deban contarnos lo que debemos hacer. La sociedad mallorquina no avanza, atascada a menudo en la eterna adscripción o no a los modernos y utópicos Països Catalans que poco tienen que ver con aquella Corona d’Aragó. La historia sirve para mucho, el pasado más lejano determina unas raíces que se han modulado por el paso del tiempo y las generaciones. De todos modos, no creo que ahora sea el mejor momento para apelar al sentimiento de catalanismo o discutirlo. Y dudo que exista un sentir unitario al respecto como también respecto de la posición de estas Islas sobre el Estado español (y no me refiero al surrealista tuit que un expresidente del Parlament nunca debería publicar). Los partidos con su permanente estado de crispación no ayudan a edificar o sustentar un sentir colectivo que debería estar por encima de todas las tonterías y necedades que la actualidad nos obliga a soportar. Mucho más cuando afrontamos una situación muy compleja y vienen tiempos que económicamente exigirán muchos sacrificios.

A los líderes nacionales del PP o del PSOE hay que pedirles menos proclamas y un compromiso estable, sólido y normativo sobre la financiación de estas Islas y el pago de las cantidades que se nos adeudan. Todo lo demás es algo que debemos resolver internamente sin interferencias ajenas desde el desconocimiento y la lejanía que impone el Mediterráneo. Aunque parte de la culpa es nuestra porque no hemos sabido transmitir lo que somos y lo que reivindicamos. Si yo fuese ibicenco diría que jo parlc eivissenc , pero el destino dejó a mis antepasados en la isla mayor y ahora sus retos son otros.