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Hay un tipo de fantasma muy efímero que apenas dura nada, digamos un fantasma por los pelos y de milagro. Sólo se aparecen una vez, normalmente recién fallecidos, y tras provocar un tremendo caos y desorden en la realidad, asustando a los presentes, se mueren otra vez, se diluyen. Se trata de un fantasma que aún no sabe que lo es y nunca tendrá oportunidad de saberlo, de ahí que parezca muy aturdido y confuso, y en lugar de emitir extraños mensajes de ultratumba, suele hacer preguntas absurdas. Qué hago yo aquí, quién soy, dónde estamos y tonterías por el estilo. Si la condición fantasmal es de por sí precaria, inestable y bastante penosa, estos fantasmas efímeros y fugaces, que lo son a duras penas, ocupan el escalón más bajo de lo espectral. Un quiero y no puedo, y ello a pesar de que con frecuencia protagonizan los mejores relatos de fantasmas. Lo que no quita para que probablemente, su inconsistencia y aspecto alelado, así como el hecho de que no duran nada, hayan contribuido a esa leyenda que asegura que todos los fantasmas son tontos. Por el trauma psíquico de su muerte, del que no consiguen recuperarse. Es el caso típico del novio que fallece en accidente el día de su boda, y varios años después (el tiempo no es nada tras la muerte) aparece en la puerta de la que iba a ser su vivienda matrimonial. Puesto que además de la vida ha perdido la llave, llama. Sale ella con tres niños pequeños, y el fantasma divisa al fondo, despatarrado en su sofá, a un tipo calvo en pijama bebiendo cerveza. «¿Quién es usted?», dice ella sin reconocerlo. «No lo sé», dice el pobre fantasma. «¿Y qué quiere?». El fantasma efímero tampoco lo sabe, así que se calla mientras le dan con la puerta en las narices. Nunca vuelve a aparecer, se pierde en el olvido, acaso se desintegra. No durar nada es el colmo de lo fantasmal, es llover sobre mojado. En los mejores relatos del gran Isaac Bashevis Singer, como Una boda en Brownsville, salen algunos de este tipo efímero, y además hablando en yiddish, la lengua del autor, lo que los hace más fantasmales y fugaces todavía. En fin, he pesado que les gustaría saber esto. No se crean mucho a los fantasmas persistentes. Suelen ser falsos.