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Hace décadas que regresó con fuerza unánime el odio al hombre como tal, así que, junto a acusarlo ‘contaminante’, se impuso una medicina darwinista. Sectaria y homeopática. Nada nueva, por supuesto. El Estado nazi adoptó la homeopatía y la eugenesia de modo extremo. ¿Por qué? El todopoderoso Himmler o Hoess eran homeópatas de «cultivo biodinámico». El hombre es un animal bajo «la ley del más fuerte», si está enfermo es culpa suya porque la naturaleza es «sabia» y si tienes cáncer es porque tu «interior está sucio». Un enfermo, un delincuente. De ahí que se nieguen a intervenir con la razón y su capacidad de curar, orgullo humano desde Babilonia. El Estado nazi adoptó la homeopatía porque «los enfermos son una carga» y nada mejor para que se mueran las cargas que una homeopatía que se niega a curar. Hitler encargó al personal sanitario detectar a enfermos-delincuentes e inyecciones letales: abrían la llave del gas y decidían quién es una carga».

Hoy se dice que los «antivacunas son negacionistas». Falso. El Estado hoy es, irónicamente, «antivacuna» pues esta vacuna «mensajero anti COVID-19» nada tiene que ver con la vacuna tradicional, lo confiesan los protagonistas, mientras la ley de Estado hoy es «eres culpable hasta demostrar salud». De ahí que test continuos para demostrar inocencia, o sea, salud. Recientemente, la polémica de los «jóvenes degenerados del hotel» recuerda a 1890: una oleada de temor a la degeneración recorrió Occidente, hubo guerra a la degeneración. Se supone que una sociedad enferma es sinónimo de alcohol y fiesta. Juerga es enfermedad. Los fascistas exterminaban a alcohólicos pero no hubo cruzada antidroga, pues las SS eran todos cocainómanos. La heroína Lucy , de Drácula , representa Occidente infectado: una damisela sana cuyo contacto con el conde degenerado convierte en lasciva copuladora e infectada cadavérica. Vicio es insania. La última oleada se proclamó tras identificar al virus entre menores etiquetados como disipados. En un bar, escuché a tres individuos nada menores: «Estos jóvenes que no vuelvan. ¿No se ve? Vienen a copular y beber en un hotel de lujo y ellas vestidas indecentemente y uñas pintadas». Expulsados de la isla de la pureza, se supone que, como Drácula, un centenar de viciosos menores han esparcido una nube tóxica sobre España. Todo es posible para esta sociedad. Beber es automáticamente esparcir la degeneración y estar contaminado. Si no se les expulsa, nos matarán a todos con su contaminación. 1890. Vamos quemando etapas.