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Confieso que estoy harta, cansada y sin esperanzas de una solución a corto y medio plazo de la situación a la que nos ha abocado esta pandemia. Vamos por la quinta ola de COVID y nada ha cambiado. La misma irresponsabilidad de siempre, los mismos argumentos, las mismas excusas, las mismas culpas… Todo sigue igual y este verano, que iba a ser el de la recuperación, hemos vuelto a la casilla de salida. De nuevo los casos disparándose, los ingresos hospitalarios subiendo, y las UCI ocupándose paso a paso. Y mientras, cada uno a lo suyo, sin pensar en nadie más.

¿Y los jóvenes? No quiero generalizar porque es injusto, pero su comportamiento en fiestas y botellones me ha hecho perder la fe en las nuevas generaciones, algo que perdí hace mucho en los políticos, esos que nos gobiernan y que nunca son responsables de nada, cuando lo son de todo.

Que la oposición no está la altura es palpable, pero también lo es que está fuera del Gobierno y éste y sólo éste es quien debe tomar medidas, actuar y no dejar todas las decisiones en manos de los demás.