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Alguien dijo que todo podía arreglarse mientras uno dispusiera de tiempo y que únicamente se hallaría aplicando la calma y accionando la tecla de la paciencia ya que solo así obtendríamos el resultado de una ecuación infalible. Todo es difícil a simple vista hasta que se torna fácil y parece fácil cuando puede llegar a volverse extremadamente complicado. Ahí está la belleza de la vida y muy especialmente en los tiempos que corren donde nada es seguro ni eterno. Notas caprichosas danzantes e irónicas se dan a la fuga en una bella sinfonía. Tener y a su vez ser huérfano de todo y de todos en un mundo donde el hombre sobrelleva el infortunio sin quejarse y por eso le hace sufrir más.

Cada uno deposita su felicidad en distintos escenarios, los hay quienes la edulcoran a base de riqueza y de ese bienestar económico que suele anestesiar los sentidos, otros, en cambio, aplican la lógica de los valores y la poderosa imaginación partiendo de la escasez de medios que suele conceder la plenitud del alma. A veces es cuestión de soltar todo lo que no podemos controlar y nos estanca en el tiempo porque así, junto con la calma, descubrimos el valor del momento, que la persona que vale la pena no es la que te deja ir porque merezcas algo mejor, sino la que lucha por ser lo mejor por ti, contra todo riesgo, viento o marea en un momento en el cual, a remedo de las notas, todo se da a la fuga con una apabullante facilidad. Lo que valía la pena se desintegra en la nada y es sustituido por reposiciones de oferta.

Hay quienes se pierden la escalada en esa constante búsqueda del atajo y se olvidan de lo verdadero, aquello que solo el tiempo te muestra, lo que se logra tras rendirnos en un pulso y conceder la victoria a la calma. El mayor premio que podemos obtener es el don de la paciencia aplicable a todo aquello que nos suceda o vivamos porque solo en ella aprenderemos a gestionar nuestro valioso tesoro, el tiempo, el mismo donde todo llega si se sabe reconocer y apreciar. Me gustaría compartir una frase que me pareció extremadamente bella, está en el Museo-casa Cueva Kyana, en Santandría, Menorca, una cueva que tengo pendiente visitar a tenor del descubrimiento de una sentencia que dice «En la más verídica promesa de amor late también la finísima semilla del olvido y olvidar lo que se amó es mil veces más triste que no poder conseguir lo que se quiere», tal vez por ello algunas veces somos de donde nunca estuvimos. Sí, el tiempo nos devuelve el reflejo de nuestra mejor versión cuando estamos verdaderamente preparados, nunca antes, ni tan solo después.