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Ojalá la Eurocopa sea el placebo que permita desviar la atención de la prensa internacional. Ojalá las redes sociales sirvieran para solucionar los problemas y no para acrecentar la confusión y el desencuentro. Nuestra presidenta acaba de publicar algo que es demasiado obvio y que más que declaraciones exige estrategia y hoja de ruta: nuestras Islas no quieren turismo incívico. Algo que decimos hace años y que no conseguimos solucionar. No son incívicos unos jóvenes andaluces que están propagando por todos los medios que nuestro gobierno los tiene secuestrados en maravillosos hoteles mallorquines. Tampoco lo son los nuestros que se entregan a decenas a botellones y vuelven locos a todas las policías locales. Son lo que son, jóvenes, y parte de culpa la tenemos nosotros.

Culpa que es ajena a todo partido y que representa el claro ejemplo de lo complicado que es ser coherente en estos tiempos modernos (mucho más en estos tiempos COVID). No hemos entendido nuestra responsabilidad y cometido y las administraciones, incapaces, han tenido que prohibir pasando límites que han acrecentado la conflictividad y el cabreo colectivo. No hemos entendido nada, no saldremos mejores y, mientras tanto, nos arriesgamos a acrecentar la crisis económica y a reactivar la sanitaria. Tocaba consenso y entendimiento, eso que no saben hacer los políticos de nuestras Illes y cuya factura será muy cara en breve. Era el momento de sentarse y hacer lo que muchos esperaríamos: poner Balears delante de cualquier interés partidista y de las trincheras de la búsqueda del aplauso y del voto. Unos estudiantes ponen en jaque la temporada y la culpa no es suya, aunque se les debió explicar los riesgos de viajar en grupo y las medidas que suponen los protocolos de prevención.

Ha ocurrido lo de siempre: pensar que determinadas cuestiones no van con nosotros y que hay alguien dispuesto a solucionar los problemas ajenos. No podemos confiar en esta clase política, ya no más. Todos han propiciado la confusión. Estábamos arrancando una temporada y empezábamos a ver turistas sin haber hecho los deberes que nos ha exigido la COVID. No creo que debamos tener un modelo turístico que excluya, pero sí debemos ser responsables para preservar este maravilloso territorio que habitamos. Solo tenemos el turismo y somos incapaces de gestionarlo cuando hay bonanza o cuando surgen problemas graves. Estamos forjando un paraíso muy diferente al que nos dejaron y a diferencia de otras generaciones somos incapaces de entender el rol que nos corresponde como sociedad. No hay peor crisis que la de identidad, no hay peor escenario que la de unos políticos entregados a sus partidos y sus causas olvidando el interés de unas islas maravillosas. La mala reputación puede ser pasajera, la mala gestión tiene efectos irreversibles.