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El libro del Éxodo, escrito unos 1.500 años antes de Cristo , cuenta que Dios dio a Moisés en el monte Sinaí dos tablas de piedra que, en hebreo, se llaman ‘las tablas del pacto’ o, las ordenanzas del dios Yahveh. Un decálogo que, según los expertos, enseña la verdadera humanidad del hombre y pone de relieve los deberes fundamentales inherentes a la naturaleza de la persona humana. Son leyes naturales. Las mismas que tienen los animales y las plantas, y también los astros, como el Sol que cada día sale por el este y se pone por el oeste.

Los informativos diarios están llenos de asesinatos, incluso padres que matan a sus hijos, crimen horrendo; también vemos a hijos que se enfrentan a los padres; que las mentiras triunfan, basta leer las mal llamadas redes sociales; que el odio se expande, incluso ha llegado al Parlamento. Ante estos hechos parece que la sociedad ha olvidado sus leyes naturales. Sin embargo, el único que está violando estas leyes es este animal mamífero y pensante que es el ser humano. No se trata ni de religión ni de religiones, se trata de humanismo. De leyes naturales dictadas para que podamos vivir en equilibrio y en paz. Por ello, creo, que lo más importantes hoy es educar en humanismo. Es bueno que los padres y los responsables de la sociedad enseñen las leyes naturales, entre otras: no matar, no mentir, honrar padre y madre.

El género humano es el único que reconoce el mal, mientras el resto de la naturaleza, orgánica e inorgánica, se rige por sus leyes naturales, lo que hace que haya armonía en el mundo y no violencia. Si el ser humano cumpliera sus normas naturales también tendríamos armonía y paz. Nos hace falta.