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Lo intentamos, sí, pero resulta muy difícil circular a 30 km/h. Los coches no están hechos para ir a esta velocidad, la vida que llevamos no está hecha para los 30 km/h. Es como afrontar la final de los 100 metros lisos con la mentalidad de un paseante. Vivimos una vida acelerada y los paseos los reservamos para los sábados y domingos.

Al salir del trabajo tengo que pasarme por casa de mis padres para recoger a mi hija y llevarla a una de las extraescolares que realiza. De ahí tengo que irme a casa, cambiarme de ropa y salir para el taller de escritura que imparto. Finalizado el taller, tengo que volver a casa y ponerme con la cena o el baño de la niña. Hoy en día las parejas se van turnando para intentar llegar a todo. Tenemos la vida plagada de reuniones, horas extra y citas con el pediatra. Y hay que pasar la ITV, ir al dentista, al gimnasio, al psicólogo, al despacho de nuestro asesor fiscal. Sin que te des cuenta, el pie pisa el acelerador.

Hay que estar muy concentrado para ir a 30 km/h. Ser una Ciutat 30 en una vida a 120 no deja de ser un contrasentido. Pero lo intentaremos. Entendemos los motivos y lo intentaremos. Eso sí, alguna multa caerá. Seguro.