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Imaginen un Estado parecido en tamaño a Galicia, con tan solo unos cuatro millones de habitantes y rodeado de enemigos. Este es el caso de Israel, una nación que se reconstruyó tras el fin de la Segunda Guerra Mundial pero que cuenta con datos históricos de una existencia de más de tres mil años, como bien cuenta la Torá, la Biblia o los manuscritos del Mar Muerto, descubiertos en las cuevas cercanas a Masada y a orillas del mar donde uno flota sin saber nadar. Por eso no deberíamos dejarnos engañar por el periodismo de izquierdas, que tanto pregona la debilidad del pueblo palestino contra el gigante judío. Israel tiene todo el derecho a existir y sobrevivir a un nuevo holocausto. Nunca volverán a coger al pueblo judío desarmado y nada preparado. Quienes osen atacar Israel serán pagados con la misma moneda, sin contemplaciones.

Recuerdo una conversación con mi amigo Arnon , comandante del Ejército del Aire, que había efectuado varias salidas de combate. Le pregunté: ¿Cuándo disparas al enemigo, qué sientes? Y él me respondió: «¿Yo? Nada. No los conozco personalmente. Son el enemigo de Israel y hay que neutralizarlos. Nunca más Israel va a vivir un holocausto. Mis amigos judíos de Tel Aviv no creen en Yaveh , pues, ¿dónde estaba Yaveh para protegerlos de los nazis? En cambio, los judíos creyentes viven en Jerusalén».

En lo que sí estuvimos de acuerdo es que ambos odiamos las guerras. Espero que un día este cruel juego de guerra, política y religión acabe y puedan todos, judíos, palestinos, árabes... vivir juntos en paz sin las cobardes oraciones de los imanes que mandan a sus fieles al sacrificio mientras ellos viven en sus dorados y corruptos palacios y mezquitas.