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A Ayuso le debemos, sobre todo, haber visto la luz al final de túnel, la sensación de que el sanchismo comienza su declive y se desvanece aquella amenaza de soportarle hasta 2031. Nos ha puesto en el camino de superar la aflicción de sufrir la soberbia de ese descuidero de la política, perjuro de su promesa, vendido a los malos para conquistar el poder como botín, aun a riesgo de hundir la nación. Isabel nos ha permitido soñar con perder de vista la cara avinagrada de Ábalos , hábil en el recuento de maletas y del rescate de intereses espurios; a esa mujer con pinta de severa institutriz que es Calvo , revanchista histórica, que comparó las políticas del PP con el Holocausto; al timador Tezanos , ese malversador del prestigio del CIS y masivo tomador de pelo; a Lola , la amiga de Villarejo y de un juez prevaricador, que doblega la Justicia a su ideología.

Nos olvidaremos del fracasado Iglesias , miliciano desubicado, que confundió el Puente de Vallecas con Sierra Maestra, a Ayuso con Pilar Primo de Rivera y a Abascal con Mussolini ; pronto no nos acodaremos de su mujer, Irene , enarbolando el heteropatriarcado como arma en su cruzada hembrista contra el varón, y nos impone la penitencia de su esperpéntico lenguaje inclusivo; al estalinista Santiago , dispuesto a cargarse a los reyes si no sé qué circunstancias se dieran; al infame Marlaska , que calificó al PP de organización criminal, el de las torvas vendettas con los leales servidores de la ley, el que humilla a las víctimas aliviando las condenas de los asesinos, impasible ante la xenofobia en Cataluña con los policías. Dejaremos de sufrir a Celaá , la oficiante del caos de la educación; a la charlatana Montero , que nos regaña masticando las palabras; al ínclito Simón , que ha vendido su alma científica al diablo y que acierta en sus previsiones menos que Tezanos en las suyas; a Lastra , ese portento de la crema de la intelectualidad, que escupe sus improperios inmisericorde, triste remedo de Pasionaria con su no pasarán .

El coraje de Ayuso, todas estas cosas y algunas más, han dejado a Sánchez grogui tras el 4-M; levanta los ojos de la lona y, con visión borrosa, percibe que le están cambiando el colchón a la cama de La Moncloa.