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Descontado Ángel Gabilondo , que era un señor educado con nulo tirón electoral, profesor universitario en edad emérita, al que han obligado a hacer una campaña que le calzaba como a un cristo unas pistolas, los culpables directos del batacazo del renovado frentepopulismo madrileño son, sin ninguna duda, Pedro Sánchez –el auténtico candidato socialista–, Pablo Iglesias , y el ideólogo de todo este invento, Iván Redondo , que por cierto venía ya de fracasar en Catalunya, y ello aun cuando otro soso patológico como Salvador Illa hubiera obtenido un sorprendente resultado que, a la postre, no le sirvió sin embargo para formar gobierno. El artífice, pues, de la resurrección de Sánchez –al que se consideraba un cadáver político no hace tanto– encadena dos sonoras derrotas, a las que habría que sumar Andalucía. Ningún partido es capaz de gobernar España si pierde en Catalunya, Madrid y Andalucía. Quizás sea posible tener un mal resultado en alguna de esas tres comunidades y poder no obstante formar gobierno estatal –le ha ocurrido al PP en el pasado–, pero en las tres simultáneamente, totalmente imposible.

u Pedro Sánchez arrinconó a Gabilondo y asumió todo el protagonismo en las autonómicas madrileñas, consciente de que una abultada derrota frente a los populares lastraría su legitimidad y alimentaría a los sectores socialistas que, aunque permanezcan mudos desde hace tres años, existir, existen, solo que esperan la ocasión propicia para pasar cuentas. El presidente del Gobierno y secretario general socialista es humillado amargamente por una líder regional cuyo único y verdadero mérito –más allá de su gestión– ha sido no entrar al trapo del mensaje guerracivilista que proclamaban Pedro y Pablo, dispuestos a casi todo con tal de asaltar el poder. Pero, ni han vencido los fascistas –que, afortunadamente, en España son pocos y extraparlamentarios–, ni Madrid será ya la tumba de ninguna idea, progresista o conservadora. La jugada les ha salido rematadamente mal. Tanto, que el PSOE no es ya siquiera la casa común de la izquierda madrileña, superado ampliamente por la suma de sus eventuales socios de frente.

u Lo de Pablo es quizás todavía peor. El vicepresidente primero del Gobierno dejó su cargo pensando que su sola imagen –iluso– arrastraría a los votantes de la izquierda radical y propiciaría la derrota de Isabel Díaz Ayuso , rememorando aquel febrero de 1936. La primera, en la frente. Unidas Podemos es la última fuerza parlamentaria de la asamblea madrileña y, como en el meme que circulaba anteanoche, en adelante Iglesias puede dedicarse a la venta de patatas, porque para la política está ya más que amortizado. Eso sí, seguirá cobrando lo mismo que hasta ahora y podrá entregarse a las tareas domésticas mientras su pareja exprime sus últimos años de sueldo público. Ni siquiera la izquierda más alternativa tiene ya de referente a Pablo Iglesias. El indiscutible éxito de Más Madrid, codeándose con el partido socialista, debe agudizar –aún más si cabe– esa sensación de que el barco del galapagueño de adopción se hunde y que, como todos, este cuento se acabó.

u Capítulo aparte es lo de Ciudadanos. Nadie en este país se ha equivocado tanto, tantas veces y en tan poco tiempo. Los naranjas son la historia de lo que pudo haber sido y no fue.