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Te sientes empoderado para cruzar la calle en rojo o sientes resiliencia frente a la pandemia? Es la pregunta que el nieto hace al abuelo. A lo que contesta: No te entiendo, hijo mío. Este es el lenguaje que nos están enseñando de modo especial los políticos, a los que les siguen los tertulianos. Estamos inmersos en un nuevo lenguaje con palabras de nuevo cuño, la mayoría de ellas procedentes del inglés. Casi todas ininteligibles para la mayoría de ciudadanos: resiliencia, empoderamiento, negacionismo… y la más cursi: gobernanza.

A la vez se están introduciendo nuevos conceptos a las palabras usadas, cambiando el sentido de las mismas, haciéndolas más benévolas. Así, a los presos se les llama internos, los despedidos son ajustes de plantillas, una bajada de sueldo es un ajuste salarial.

Debemos añadir a estos cambios de palabras y conceptos, los artificios en el lenguaje inclusivo, como lo llama la ministra de Igualdad y la mayoría de políticos: todos y todas; portavoz y portavoza; niño, niña, niñe. Recuerdo aquel chiste de Gila : «¿Está el enemigo o la enemiga? Que se ponga».