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Ya saben, hay noticias que están hechas para mí, y esta es una de ellas: según parece, el catalán Institut Marquès ha detectado que han aumentado las consultas de progenitores preocupados por el tamaño del pene de sus hijos. Así, tal cual. Y todos contentos, porque el periodista tiene su titular, el lector se puede reír a gusto, el instituto tiene una publicidad que siempre es bienvenida, y la gente comenta que gracioso es que haya negacionistas dispuestos a ponerse papel de plata en la cabeza y a decir barbaridades por la tele que no se cree nadie en su sano juicio.

Y sin embargo, leyendo la noticia con detenimiento, se da uno cuenta de que más allá de la imposibilidad de saber cuál va a ser el tamaño real de un pene cuando el varón sea adulto y se haya desarrollado del todo, y por supuesto de que en nuestro país no existan estudios al respecto, sí resulta que dichos estudios se han llevado a cabo en Estados Unidos, donde se han relacionado los ftalatos producto de la contaminación ambiental con malformaciones genitales. ¿Qué tipo de estudios? ¿A qué contaminación se refieren?, y sobre todo, ¿Cómo se podría evitar dicha contaminación para que no nos causase problemas de salud? Ah, pues parece ser que esa parte no le interesa a nadie, porque es más divertido (o menos problemático) pensar que quienes tenemos dudas al respecto de lo que nos cuentan las versiones oficiales (esas que cambian de criterio de un día para otro) somos unos exagerados que no sabemos lo que es la verdadera realidad, y solo nos preocupamos de tonterías conspiranóicas…