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Ya pasaron las celebraciones de Pascua y Semana Santa. La mayor parte de la población vivimos estas fiestas cristianas con mucho gozo y alegría. El recuerdo de la Pasión, muerte en la cruz y resurrección de Jesucristo es para los creyentes un momento muy señalado en el calendario. No olvidemos tampoco el marco culinario que pone la guinda sabrosa en el paladar de los isleños. Como manda la tradición (y en casa, aunque nos adaptamos a la deriva del mundo, por lo menos consideramos las tradiciones propias como sagradas e intocables), comimos lo que tocaba. De panades, unas cuantas, de pollo con guisantes y masa integral, que son las que más nos gustan. Y comimos también robiols caseros (rellenos de confitura de albaricoque hecha con nuestras manitas) y crespells con receta familiar de la abuela. Todo exquisito. Y que no se me vaya a olvidar, también comimos el típico frito de Pascua. Comimos bien, respetamos la tradición, pero también compensamos en las comidas, porque si algo tenemos claro es que debemos cuidarnos.

Y tras las fiestas, tocó volver a las rutinas de cada día. Tocó levantarse pronto de nuevo para ir de nuevo al cole con mi hija África. Nil empieza ya en septiembre. ¡Cómo pasa el tiempo, madre mía! Y encaramos el tercer trimestre del curso más extraño de la historia con fuerza y optimismo. Seguimos con mascarillas en los coles, y en todas partes. A los docentes se nos hace a veces un poco pesado su uso continuo en el aula debido a que tenemos que usar la voz constantemente para expresarnos y hacernos oír. Pero bueno, sabemos que es para un bien mayor y cumplimos como la mayoría con las normas vigentes. Desde casa tratamos de ver poco las noticias de la tele, y las pocas que vemos lo hacemos con prudencia. No queremos estar enganchados a la sensación de locura y caos que ciertos medios nos quieren meter en vena, como un veneno atroz. Las vacunaciones empezaron y algunas se paralizaron. Habrá que tener confianza en los expertos. Esta crisis que un día vino, otro día se irá. No sabemos cuándo, pero se irá, y volveremos a abrazarnos y besarnos como lo hacíamos antaño. Para mis hijos sólo un consejo: ¡Qué bello es vivir! y ¡qué suerte poder estar juntos!