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La economía es una disciplina que se mueve con indicadores que son crematísticos. En el sentido aristotélico: todo se reduce a cantidades monetarias. Los economistas acaban midiendo todo en clave monetaria: costes, beneficios, impactos, son factores que se concretan en euros, dólares u otra divisa. Esta idea se ha transgredido a tenor de los graves problemas ambientales por los que atraviesa el planeta. ¿Cómo medir las consecuencias físicas de la acción económica de los hombres? Esto ha sido objeto de gran debate, a pesar de que la tesis dominante siempre ha sido la misma: reducir cualquier reto en términos monetarios. Esto no siempre explica la realidad económica, también en el sentido aristotélico, de qué consecuencias tienen las prácticas productivas sobre la gestión del bien común: lo que Aristóteles denominaba la administración de la casa.

Es así como desde distintas disciplinas, incluida la propia Economía, se han aportado métricas distintas, más vinculadas a consecuencias biofísicas de la acción económica. Por ejemplo: el crecimiento económico puede ser muy potente en términos de PIB, pero, ¿con qué impactos sobre el medio ambiente? ¿es razonable crecer mucho en términos crematísticos cuando las consecuencias de ese crecimiento comportan pérdidas de capitales naturales? He aquí un desafío relevante, que supone revisiones ajustadas en las metodologías para calcular procesos de desarrollo económico y social.

Para las economías regionales, el reto está servido. Para el caso de Balears, el tema es crucial. ¿Qué métrica utilizar, a parte del PIB, para conocer con mayor precisión la realidad social y económica de la comunidad? ¿Qué indicadores desplegar y calcular? Los científicos sociales están trabajando en esto, desde hace ya algunos años. Las aportaciones son diversas, de gran interés, y provienen de campos distintos: la economía, la geografía, el derecho, la historia económica, aspectos complementarios que facilitan una comprensión más veraz de la evolución balear. Para esto, es perentoria la confección de paneles de indicadores de carácter biofísico, que complementen e incluso cuestionen la gran variable por excelencia: el PIB. Investigaciones recientes (Manera-Pérez-Navinés) han determinado la trayectoria de indicadores para Balears en los últimos veinte años: emisiones de CO2, producción de residuos, consumo de energía, consumo de agua, ocupación territorial… aspectos todos ellos que se acaban relacionando con el PIB regional. El objetivo radica en construir un indicador sintético, de carácter ambiental, que consolide de alguna manera esas líneas de investigación que, desde conocimientos distintos, confluyen en una preocupación básica: aportar mediciones alternativas a las convencionales. Se está haciendo en muchas regiones del mundo, con resultados satisfactorios. Las Naciones Unidas lo están promocionando. Es importante que en Balears se tenga claro que los impactos sociales y ambientales del crecimiento económico se deben medir con parámetros no necesariamente crematísticos. El viejo y venerable Aristóteles lo agradecerá.