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El PSOE ha emprendido una operación de limpieza de la corona con la intención de apuntalarla para que dure algunos años más. Al contrario de lo que aseguran los medios y contertulios de derecha y ultraderecha, los socialistas no es que estén intentado derribarla sino que son su más fiable seguro. Como siempre han sido.

El Partido Socialista ha actuado desde la transición como garante del reino. Sin él ya no existiría la corona. Con el apoyo exclusivo de la derecha no hubiera podido sobrevivir. Por eso fue una torpeza astronómica que Felipe de Borbón aceptara leer aquel discurso ultraderechista de caspa pseudo imperiofílica del 3 de octubre de 2017. En ninguna otra monarquía parlamentaria europea su titular ha demostrado tan poca capacidad. Bien saben todos que su cargo pende de un solo hilo político: mantener la neutralidad a toda costa, incluso ante quienes quieren acabar con la monarquía, el propio país o, simplemente, defienden valores que el monarca considera incompatibles con la corona. Verbigracia: la reina Isabel II del Reino Unido nunca ha dicho ni una palabra pública contra la secesión potencial de Escocia -siendo, por cierto, ilegal a tenor de la ley de Unión, sin embargo allí, como en todo el mundo libre, la ley no esta por encima de la democracia - , de la pérdida de sus colonias, de la presión política ilegal del Sinn Féin basada en la violencia en Irlanda del Norte… Otrosí: cuando en 1990 el poder legislativo belga aprobó la ley del aborto, el monarca, Balduino, un integrista católico, se vio incapaz de firmar aquella norma y para no incumplir su deber de absoluta neutralidad aun queriendo manifestar su pesar, dimitió durante 36 horas para no estampar su rúbrica en ella. Hay más ejemplos de como se comportan las monarquías parlamentarias de conducta democrática impecable. Lo que aleja de ellas a la española, que siendo una institución encajada en el Estado de Derecho no sólo no es una institución democrática -como tampoco lo son las demás, como es obvio - sino que, además y ahí su originalidad, se comporta de una forma muy lejana a los usos democráticos del resto de coronas. A más abundar: es la única cuyo origen está en una dictadura fascista, su blindaje legal anti libertad de expresión no tiene parangón y la opacidad de la que hace gala es inédita en el panorama monárquico europeo.

Así las cosas hubiera sido imposible que esa corona aguantara en España los embates políticos sin el blindaje que le ha servido el PSOE. Los gobierno de la Unión del Centro Democrático (1976-1982) nunca tuvieron capacidad de hacer nada al respecto. Fue el socialista Felipe González (1982-1996) quien consolidó el blindaje real y desde entonces ningún Gobierno, de derecha o izquierda, lo ha puesto en duda. Si González no hubiera querido mantener la inviolabilidad indigna del monarca, éste no habría gozado de ella en su parte oscura, sólo hubiera sido factible, como la lógica y la ética de todo cargo público indican, por la parte notoria debida al cargo. Con la mayoría absoluta durante once años tiempo de sobra tuvo el socialista para deshacer cualquier interpretación legal y constitucional en clave de impunidad. No lo hizo. La razón se desconoce aunque se intuye que existió algún tipo de pacto para blindar la monarquía y ahorrarle así la decencia democrática que obliga al resto de jefes de Estado del mundo libre.

Con posterioridad el PSOE siempre ha sido vasallo de ese pacto que no se conoce pero que se nota. Vaya si se nota. Es verdad que con el rupturista Pedro Sánchez parecía que el Gobierno actual iba a atreverse a democratizar los usos y costumbres de la corona. Más todavía desde que pactó su investidura con el partido republicano Unidas Podemos. Y aún más lo pudo parecer al forjar su estabilidad parlamentaria sobre los independentistas vascos y catalanes que, por la razón antes expuesta, son desde 2017 furibundos anti monárquicos.

Sin embargo Sánchez no ha prolongado su amago. Todo lo contrario. Que es lo mismo que confirmar, en fin, la tradición del PSOE de ser el garante de la continuidad de la monarquía. Nunca caerá ésta con ese apoyo. Si algún día lo pierde no durará nada porque con el soporte del PP -por incómodo que sea para este partido, que lo es mucho como se ve estos días – y el abrazo entusiasta de los de Vox, que tan bien casan con la actitud del monarca, no basta para seguir manteniendo una institución de comportamientos tan antidemocráticos como es la corona española.

El PSOE se preocupa tanto por la salud de la monarquía que incluso está negociando -de presidente a rey, de La Moncloa a La Zarzuela – una futura ley que la regule -que ya era hora -, en la que tal vez haya reformas de funcionamiento. Más les vale si de veras quieren mantener ese anacronismo institucional cuyas características de uso por parte de sus titulares lo hace único en el mundo democrático.