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Estamos en la Unión Europea (UE),un paraguas institucional que nos guarece de la lluvia ácida que en Madrid se fabrica y se arroja hacia todo el país. Si no fuera por la UE la situación política nacional, tan degradada, podría estar amenazando en serio con provocar enfrentamientos algo más que verbales. Nunca en cuarenta años de democracia se habían vivido episodios iguales a los actuales. La tercera y la cuarta fuerza del país están lanzadas en pos de la confrontación mutua, convencidas que así se ayudan la una a la otra a debilitar a su respectivo aliado y enemigo. Y la primera y la segunda tienen unos supuestos líderes tan inútiles que si se percatan de ello hacen como si no fuera así. Sólo Inés Arrimadas parece haber entendido - ¿demasiado tarde? - qué es hacer política, al no seguir la senda de Albert Rivera - con sus castillos en el aire-, al parecer dispuesta incluso a inmolar su carrera, si es que le quedaba alguna.

Tanto la ultraderecha como su hermana la ultraizquierda se han quitado las caretas y aunque siguen con las imposturas que son costumbre en ellas dejan ver sus reales objetivos, tanto el táctico como el estratégico. El primero es el comentado, el ataque desaforado de una contra otra con el convencimiento de que así debilitan al prójimo respectivo. Cuando Vox eleva el tono hasta el insulto y no critica el Gobierno de PSOE sino que lo acusa de estar atado a Podemos por delirantes motivaciones y de actuar con dolo en su incapacidad en la gestión de la crisis sanitaria – de su incompetencia no hay duda, aunque sí de la intención criminal, que huelga – en realidad lo que está haciendo es, a costa de llegar al absurdo en el ataque, intentar acotar la posición del PP, pretendiendo que se escore todavía más a la derecha para así poder morderle en el futuro con mejores resultados que hasta ahora, por aquello que ante la confusión de mensajes siempre le va mejor en votos al original, que este caso es, claro, el neofascismo, pues la derecha democrática nunca podría igualar, por mucho que se escorase, la pureza antidemocrática de Vox. Y en cuanto a los de Podemos, es lo mismo pero en el otro ámbito ideológico. Sus desaforados ataques a las dos derechas buscan, por un lado, igualarla toda en una y, por otro, satisfacer a su parroquia neocomunista. Pensando, al mismo tiempo, que así condenará al PSOE a quedar fijado en la izquierda del populismo de los imposibles, cosa que le perjudicaría y sería posible al fin superarle, que de hecho es la razón de ser morada - ¿se acuerdan del famoso “sorpasso” del que, al modo griego, tanto se habló en 2015?-, con el callado objetivo de dejar a los socialistas en la irrelevancia, no en vano son su enemigo, tal y com siempre ha sido para el comunismo histórico el socialismo democrático. 

El objetivo estratégico, pues, de los hermanos ultraderechista y ultraizquierdista es meridiano y compartido: debilitar a los dos partidos de gobierno, el PP y PSOE, con el ulterior deseo de futuro de cambiar de arriba abajo la democracia hasta dejarla reconvertida en un sistema que de ella tenga poco, muy poco. Al fin y al cabo, tal y como enseña la historia contemporánea, tanto el comunismo como el fascismo -y hoy sus ‘neo’ respectivos,que son en España Podemos y Vox – no han dudado nunca en colaborar entre sí, cuando les ha convenido, para cargarse las libertades que son su objetivo último a batir. Incluso enfrentándose a muerte, si ha sido necesario, para así fortalecerse mutuamente –como hicieron en la República de Weimar, en laTercera República francesa, en la monarquía parlamentaria británica coetánea a las dos anteriores, en nuestra Segunda República… - en su empeño de hundir las democracias. 

Menos mal que no estamos, como se decía al principio, fuera de la Unión Europea – no es casualidad al respecto, por cierto, que ambos movimientos extremos también estén hermanados por su euroescepticismo -, porque si no este país embocaría hacia una situación muy peliaguda y potencialmente letal. Desde luego no es por la altura de miras y capacidad de liderazgo político de Pedro Sánchez y Pablo Casado que nos vamos a salvar de condenarnos al terrible futuro que sería volver a nuestro dramático pasado.