TW
0

Maria Antònia Munar ha sido condenada a pena de cárcel –pendiente de confirmar, rectificar o, quién sabe si, revocar por parte del Tribunal Supremo- por delitos relacionados con la corrupción política. Al igual que pasó con Jaume Matas, quién iba a decírselo hace tan solo unos pocos años. En los respectivos tiempos de felicidad ambos hacían y deshacían a voluntad en la política isleña. Aquello no es el pasado remoto sino cercano y sin embargo parece tan y tan lejano. Sobre todo para ellos dos, que tienen ante sí un futuro nada halagüeño, con seria amenaza de acabar presos. Es curioso que en estos últimos meses –desde la condena a Matas-, la clase política balear no haya elevado mucho la voz contra la corrupción. La derecha, por la cuenta que le trae, que por mucho que se desmarque ahora del pasado inmediato, éste está ahí, amenazador. Y la izquierda, pues debía ser que ya imaginaba la sentencia contra su amiga. Y además, claro, porque, como se sabe, para nuestra izquierda siempre ha habido dos tipos de corrupción. La mala, la del PP, a la que hay que combatir sin cuartel. Y la buena, la propia, del PSOE, y la amiga, de UM, a las que hay que silenciar cómo sea y, cuando ya el ruido sea demasiado elevado, cubrirlas políticamente. Eso es lo que hicieron PSOE y PSM con UM y con los propios socialistas en la legislatura pasada. Callando, silbando y mirando hacia otro lado hasta que se sintieron obligados a aprobar lo que fue el Código de la Buena Corrupción, y que ellos bautizaron como Código Ético. Qué sabrán ellos lo que es la ética. La hipocresía izquierdista se ha dejado notar muy mucho estos días, tras la condena a Munar. Hemos podido oír los silencios estrepitosos de Francesc Antich y de la actual jefaza socialista, Francina Armengol. Lo de UM no va con ellos. Ni siquiera para el primero merece una palabra –una sola- que su conseller de Turismo Francesc Buils haya sido condenado también por corrupción. Una postura, la de Antich, muy clara. Una postura, la del PSOE, también del todo meridiana. El PSM, al menos, hace acto de contrición y de no volver a pecar. No me los creo pero al menos intentan disimilar. Los socialistas, ni eso. Y, mientras, el PP, silbando, disimulando y confiando en que no le estalle nada más.