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La sentencia del Tribunal Constitucional irritó a los nacionalistas, no sólo a los catalanes como se ha visto en Baleares. Y que Zapatero haya dicho que con ese fallo se termina el proceso de descentralización ha provocado un pequeño terremoto en la Cataluña política. Los nacionalistas no quieren que se cierre de ningún modo. Para algunos de ellos, ante esta situación, no hay más remedio que optar por la independencia unilateral. En el otro lado no faltan los nacionalistas españoles que ven en la sentencia del Constitucional la ruptura de España. Unos y otros exageran. Y Zapatero se equivoca, nuevamente. Mientras que no se reforme la Constitución para otorgar a Cataluña y al País Vasco un estatus diferente al resto de regiones la estructuración política de España no funcionará. No es cuestión de nacionalismos –éstos siempre muy pegados al sentimiento- sino de racionalidad, de reconocimiento de una realidad histórica, le pese a quien le pese.