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Los corruptos son las personas sinvergüenzas, no los partidos. Eso dicen todos. Yo no lo creo. Los escándalos son tantos y tan intensos que faltan explicaciones de cómo se ha llegado a este punto de degradación. Explicaciones que ni llegan ni llegarán. Ni PP, ni UM, ni tampoco el PSOE –que tienen pendiente la dimisión de sus implicados en el caso Ibiza Centre- dan explicación alguna. Sólo actúan a remolque de los acontecimientos. No, no me creo que lo podrido sean solamente personas. Estamos en una autonomía en la que han caído bajo el peso de la corrupción tres –Gabriel Cañellas, Jaume Matas y Maria Antònia Munar- de sus cuatro –con Francesc Antich- protagonistas. Hay algo más que personas sinvergüenzas. Hay un cáncer que carcome el sistema autonómico.