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La destitución y posterior renuncia al escaño en el Ajuntament de Palma de Sonia Vivas debía ser el epílogo de la crisis en el gobierno municipal, pero los audios de su compañero en el grupo de Unidas Podemos Rodrigo Romero, edil de Promoció Econòmica, confirman la escisión interna de la representación morada en Cort y la incompatibilidad con sus socios de Més per Mallorca. El tono y el contenido de las manifestaciones de Romero revelan una animadversión personal con la edil Neus Truyol, de Més, y otros dirigentes de Podemos, entre los que figura su portavoz, Alberto Jarabo.

Un galimatías municipal.

Romero, que suscribió con Vivas el comunicado que hizo estallar la crisis de la fiesta del Orgullo que fue suprimida, mantiene una posición crítica en el seno del gobierno municipal que lidera el alcalde socialista de Palma, José Hila. Todo indica que los diferentes departamentos funcionan de manera autónoma e inconexa, incluso entre los concejales del mismo color político. El problema es que este clima se acaba trasladando a la gestión institucional y por extensión a los ciudadanos, espectadores pasivos de las pugnas intestinas del Ajuntament.

Situación insostenible.

Con las manifestaciones de Rodrigo Romero, que él mismo se ha encargado de ratificar en todos sus extremos, resulta fácil convenir que el clima del gobierno municipal no es, en absoluto, el más propicio para resolver los muchos problemas pendientes de la ciudad. El alcalde es en situaciones como ésta la única persona con capacidad política y jurídica para intervenir, la toma de decisiones son inexcusables cuando las disputas internas en el gobierno de Palma afectan a los ciudadanos. Mantener los equilibrios en las coaliciones siempre resultan complicados, pero lo que no puede admitirse es que se perpetúe la parálisis institucional que generan estos conflictos.