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El pleno del Ajuntament de Felanitx aprobó el lunes noche un moción del PSOE relativa a la condena del golpe de Estado de 1936, que desembocó en la Guerra Civil y los posteriores 40 años de dictadura franquista. Hasta ahí nada que no debiera circunscribirse en el ámbito de la normalidad democrática. Lo relevante del caso es que la propuesta socialista, de alta carga ideológica, se sacó adelante sin la, en otros tiempos, habitual oposición del PP, todo y que los seis votos del grupo popular no eran determinantes para bloquear la propuesta.

Centralidad y equidistancia.

El PP optó por abstenerse en la votación. Un posicionamiento que no puede disociarse de la presencia de Vox en el pleno. El partido de Santiago Abascal cuenta en Felanitx con uno de los 13 concejales que ostenta en otros siete ayuntamientos de Mallorca y el lunes fue el único que votó contra la propuesta socialista, secundada por la izquierda nacionalista, Podemos y el PI. La abstención del PP puede enmarcarse en el afán de su dirección por ocupar el centro político. Aunque también corre el riesgo de que esta centralidad sea confundida por el electorado con la equidistancia o, peor, con la indefinición.

El PP tiene un problema.

El PP, en Felanitx, Baleares y en toda España tiene un grave problema con Vox. Que no sólo estriba en qué hacer con la formación derechista. A un año de las elecciones autonómicas, presumiblemente cercanas a las nacionales, el peligro no tiene tanto que ver en si aproximarse o alejarse aún más del partido de Abascal, como en que su presencia en las instituciones condicione decisiones políticas como la adoptada por los de Casado en Felanitx. Con el actual esfuerzo por diferenciarse de Vox, el PP se juega su propia identidad. Que evidentemente no pasa por no condenar el 36. Sí por explicarse de manera clara y no en función de lo que diga o haga su hoy principal rival.