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Baleares era, junto con Murcia, una excepción en la incorporación de la asignatura de Religión Islámica en la oferta educativa de sus centros escolares públicos. Era un compromiso pendiente desde 1992 en el conjunto del Estado y en especial desde 2019, tras la firma del convenio específico con la Comunidad Islámica de España por parte del Govern. Un total de 150 alumnos han manifestado ahora su interés por seguir estas enseñanzas que se incorporarán en los colegios de ses Salines y Lloseta, los primeros de las Islas en un proceso que cabe suponer que se irá ampliando en el transcurso de los próximos cursos. El anuncio ha generado una notable polémica ciudadana entre promotores y detractores y entre quienes, por otra parte, defienden la supresión de cualquier tipo de enseñanza religiosa en nuestro sistema educativo.

Exigencia legal

La decisión de la Conselleria d’Educació responde a un claro compromiso político del Estado con la comunidad islámica del que Balears no podía quedar al margen, aunque sólo sea por un imperativo legal. Hay, además, valores como el de la tolerancia y el respeto que deben caracterizar a una sociedad democrática que también avalan una medida de estas características. La cifra de residentes que profesan el islam está lejos de ser anecdótica en Balears, por tanto parece más que razonable que se trate de atender sus necesidades de formación. El tiempo de esgrimir argumentos trasnochados y reticencias infundadas ha pasado para rechazar una asignatura que, al igual que la Religión Católica, tiene carácter voluntario.

Nueva perspectiva

Un estado aconfesional como España debe resolver la presencia de la formación religiosa en las aulas desde otro punto de vista, con más amplitud de miras y alejado del posible adoctrinamiento. Plantear una formación sobre la historia de las religiones de un modo global sería una fórmula mucho más moderna y adecuada a los tiempos actuales.