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No por lógico el anuncio del Instituto Koch tiene menos trascendencia al situar a España –y por extensión a Baleares– entre las zonas de riesgo extremo para los turistas alemanes. La decisión supone incrementar las restricciones a la hora de regresar a su país, en especial en la exigencia de cuarentena para quienes no tengan cubierta la pauta completa de vacunación. Cabe señalar que esta circunstancia en el caso de Alemania solo la cumple poco más del 40 por ciento de la población. La inquietud del sector hotelero es lógica al tratarse del principal mercado emisor y, además, golpear de un modo muy directo al turismo familiar.

La otra cara de la moneda.

Las próximas semanas confirmarán –o no– los pronósticos pesimistas respecto al turismo germano, pero también es preciso destacar el enorme ímpetu de las reservas procedentes del Reino Unido. El fin de las restricciones dictadas por el Gobierno de Boris Johnson ha activado una auténtica euforia viajera y Balears está siendo beneficiada de un modo muy especial. Por tanto, y siempre con las debidas cautelas, la temporada sigue adelante a pesar de los sobresaltos e incertidumbres. La apertura de establecimientos ya es más que notable y, así hay que admitirlo, el escenario no es tan catastrófico como lo fue en 2020.

Responsabilidad colectiva.

Lograr sacar adelante esta temporada turística será posible gracias a los muchos esfuerzos que han confluido, desde los empresarios y los trabajadores del sector hasta las instituciones. Sin embargo, en la actual coyuntura es necesario insistir en el papel que tiene el comportamiento responsable de los ciudadanos para frenar el avance del virus. Con una incidencia disparada y un panorama de colapso sanitario, no es aventurado adivinar que los flujos de Alemania y Gran Bretaña volverán a una peligrosa inestabilidad. Evitarlo debería ser un compromiso de toda la sociedad balear.