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La pandemia lo ha ocupado todo durante el último año y medio. Un tiempo en que el foco mediático y los esfuerzos presupuestarios de las administraciones públicas se han proyectado sobre la gestión sanitaria y la crisis económica. Pero no por ello han dejado de existir déficits latentes cuyo restablecimiento sigue siendo perentorio. Una de estas carencias hace referencia a las infraestructuras educativas en los municipios de las Islas. Y es que pese a que desde 2015 el Govern de Francina Armengol ha invertido 90 millones en 1.500 actuaciones en el 94 % de los centros docentes de Baleares, todavía en demasiados de ellos se da cabida y formación a alumnos en aulas modulares o prefabricadas. Las popularmente conocidas como ‘barracones’ en las legislaturas gobernadas por el Partido Popular.

Respuesta del Govern.

Armengol visitó ayer varios colegios de educación Infantil y Primaria del término de Manacor, paradigma en Mallorca de los mencionados déficits en materia de infraestructuras docentes de los que en el último año se ha hablado poco, pero no por ello han dejado de existir. Las comunidades educativas se han encargado de recordárselo periódicamente al conseller de Educació, y éste ha respondido con mejoras por valor de nueve millones de euros en los centros del municipio de Llevant. No obstante, la coyuntura social presente y futura que se perfila en nuestras ciudades y municipios no invita a dormirse en los laureles.

Tras la pesadilla de la COVID.

Aún quedan meses por delante en el que la pandemia y sus circunstancias seguirán condicionándolo todo. Sin embargo, como el dinosaurio en el cuento de Augusto Monterroso, habrá carencias que seguirán estando allí. Y las relativas a infraestructuras y servicios educativos no son las únicas. Continuamos arrastrando descompensaciones en equipamientos sanitarios y en promociones de vivienda pública que sobrevivirán al despertar de la pesadilla de la COVID.