Aithor se siente femenina, «pero nunca me he puesto falda y tacones».

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Aihtor Elías Zofio Gil, de 21 años de edad, ni estudia, ni trabaja, «aunque estoy buscando empleo, y si no lo encuentro retomaré los estudios de Estética y Belleza, de los que tengo hecho el primer nivel. Mientras tanto, voy al gimnasio, me centro en mi familia, procuro tener una rutina saludable y a la vez organizo mi vida». Aithor es gay y no hace nada por ocultarlo. Todo lo contrario, lo cual, a veces, se paga con desplantes, bullying, y encajando golpes propinados por homófobos, que por mucho que se hable de igualdad, queda todavía bastante por recorrer hasta alcanzarla.

«Yo sufrí bullying en el instituto al que iba por ser gay. Bullying, por parte de algunos,    a base de risas, gestos, burlas, amagos de querer pegarte… O incluso pegarte…. Mi hermano, que iba a otro curso, me salvó de muchas durante los recreos, en el patio… En realidad, dentro de la mala suerte que es el bullying, yo tuve buena suerte, sin embargo… Tuve una época que me sentí muy agobiado, tanto que me maquillaba los ojos, fingiendo unas ojeras, para denotar agotamiento y quedarme en casa. Mis padres me preguntaban que por qué no quería ir al colegio y yo les contestaba que no estaba bien, hasta que un día, ante su insistencia, se lo conté. Inmediatamente ellos pidieron una junta urgente con la directora, ante quien denunciaron que yo no iba a clase porque alguien    estaba molestándome, amenazándome… Como por entonces no había protocolos que activar contra el bullying, mis padres pidieron que averiguaran qué pasaba, de lo contrario denunciarían al centro y… Pues que entre la investigación que hicieron los profesores y a la intervención de mi hermano, Brando, se paró, pudiendo volver al colegio».

Agredido en la calle

Dentro del grupo LGTBI, y más concretamente dentro del gay, Aitor se considera femme boy, o chico femenino, que es como se denominan a los chicos que se maquillan, hasta el punto que no sale a la calle sin maquillajes, lo que sin duda, pensamos en voz alta, debe de ser otro problema para él.

«A ver… –tras dudar, responde–: Sí, me han intentado pegar… En realidad, una vez sufrí un ataque por parte de unos chavales que salían de una fiesta. Yo iba camino de casa, con unas amigas, me vieron, me empujaron, me tiraron al suelo, me partieron los dientes y el labio,    y me robaron el móvil… Seguramente sufrí ese ataque porque vieron que era gay… Porque les llamó la atención el maquillaje que llevaba y porque me vieron contento. Eso hizo que, a partir de entonces, tome precauciones, pero sin dejar de ser yo mismo. Quiero decir que salgo a la calle maquillado, pero procurando evitar según qué compañías y sitios. Y es que, por mucho que se hable de igualdad, fiestas reivindicativas y cosas de esas, queda todavía mucho camino por recorrer. Yo salgo por la calle, maquillado y vestido con croptops, o ropa que llevan las chicas, y la gente me mira y hace comentarios, a veces no buenos, lo cual me hace sentir diferente… Y pienso que también les pasa lo mismo a los demás.    También, si voy a pedir un trabajo, al verme como voy, no me lo dan».

La conversación la mantenemos en el bar Pan y Vino, desde donde El Chopo emite cada tarde su programa radiofónico. Notamos que algunas de las personas que pasan por delante nuestro, al verle, le miran, unos con más descaro que otros, pero él ni se inmuta. Es evidente que está acostumbrado, pero eso no quita «que me guste que se fijen en mí, claro. Que se fijen y que vean que soy un chico con un estilo e imagen distinta, lo cual afecta positivamente a mi ego, pero… A ver, me gusta que me vean como una persona cualquiera, solo que en vez de vestir con sudadera y pantalones,    viste con algunas prendas de mujer, con tops, y se maquilla… ¿Que si alguna vez me pongo faldas y tacones…? Pues no. ¡Jamás! Ni faldas, ni vestidos de mujer, ni tacones. Como mucho, un pantalón de chica para ir más estilizado, y más estéticamente por cómo soy».

Lo que le han pedido

Aithor, de momento, no tiene pareja, aunque reconoce que sí le han hecho alguna que otra propuesta indecente, entre otras, «me han pedido que me pusiera ropa de mujer, a veces lencería, que se las enviara por Internet, y que por ello me pagarían… Pues a lo mejor 200 o 300 euros. Pero no lo hice. Es más, si le hubiera pedido 400, o más, habría aceptado. Pero no… Lo único que me interesa de Internet son las redes sociales, como Instagram (@Aithor­­_zofio) y Tick Tock, a los que subo mis cosas… Sobre todo lo que hago en maquillaje artístico y estético».

Mallorca, para un artista del maquillaje, como es él, no es el terreno más aconsejable para que pueda moverse, pues apenas hay posibilidades de dar a conocer lo que sabe hacer, que por lo que vemos a través de las fotos que nos pasa, no es poco. Por eso le preguntamos si ha pensado en volar del nido para instalarse en Madrid o Barcelona, donde sí hay posibilidades.

De momento, indeciso

«¡Se me ha ocurrido miles de veces! Es mi sueño, ¿sabes?, y más cuando quiero mostrar al mundo quién soy y lo que sé hacer, cosa que aquí no puedo debido a que hay muy pocas oportunidades… Más de una vez han contactado conmigo representantes de conocidos maquilladores para que me vaya a Madrid, con ellos, pero a mí me da miedo, porque ¿y si me sale mal? Sí, por ese temor me cuesta salir de mi zona de confort, pero, por otra parte, me muero por salir    de ella. Pero, ya te digo, me frena el no tener contactos allí, gente conocida que me guíe a la hora de encontrar un trabajo. Porque si ya me está costando encontrarlo en Mallorca, más me costará en un lugar donde no conozco a nadie… Sí, mi cabeza me dice que me arriesgue, pero mi corazón me frena… ¡Ojalá me decidiera! Porque, aparte de trabajo, allí encontraría una escuela, donde podría mejorar todo lo que sé, pero…».

Pues ya sabes, amigo. ¡Hay que decidirse! Así que un verano más en la Isla –le decimos– trabajando y ahorrando lo poco o mucho que percibas, y en otoño ¡a volar! Un artista no debe frustrar su sueño por temor a lo que pueda ocurrir, porque, si no, llegas a los cincuenta y te preguntas ¿qué hubiera sido de mi vida si a los veinte hubiera probado fortuna fuera de mi hábitat natural? Por eso, amigo, nuestro consejo es que no te tengas que hacer nunca esta pregunta, así que, a nada que se te presente la ocasión, ¡vuela!.