Toni Bauzá, de Tardor, confiesa que «a la pobreza no la quieren en ninguna parte». | Click

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Nos pasamos la otra mañana por el comedor social Tardor con la intención de entrevistar al cocinero, que por lo visto es un fuera de serie, tanto en los fogones como por su labor solidaria, y en lo que llegaba, con Toni Bauzá, responsable del citado comedor social, al que encontramos repasando facturas y haciendo cuentas, nos fuimos a tomar una café al bar de Cati, que está al lado. Y allí fue donde nos contó que andan buscando local nuevo para instalarse.

«Ya sea de alquiler o de traspaso –remarcó–, buscamos algo parecido a un restaurante, aunque si es un restaurante mucho mejor, pues nuestra intención es seguir como antes de la pandemia, con comedor con mesas y sillas, donde puedan desayunar, comer, merendar y cenar, además de cocina, y en el que también se pueda quedar la gente durante el día, ya bien leyendo, viendo la tele o entreteniéndose como gusten, cosa que ahora, en este, no pueden, pues al tener que haber instalado en él una gran nevera, se nos ha quedado pequeño, tanto que hemos tenido que retirar las mesas y las sillas. Por eso, porque queremos volver a como lo hacíamos antes, es por lo que buscamos otro local. Pero, a pesar de haber llamado a algunas puertas, en todas, al enterarse de que era para un comedor social, nos han dicho que, sintiéndolo mucho, no interesa, lo cual viene a demostrar que a la pobreza no la quieren en ninguna parte. Que hay, como se diría técnicamente, aporofobia por parte de la población en general, o sea, miedo a la pobreza. La prueba está en lo que nos está costando encontrar ese local, sobre todo cuando le contamos al arrendatario para qué lo queremos».

Actualmente, según nos cuenta Toni Bauzá, por Tardor, diariamente, pasan alrededor de unas 400 personas, «a las que entregamos un táper con comida, además de fruta, galletas, pan, etc., táperes, que al mes, nos vienen a costar unos 1.500 euros. Me refiero a la totalidad, lo cual, para nuestra precaria economía, es mucho. Pero es que no hay otra solución que un táper para que se lleven lo que se llevan, especialmente la comida».

También, otro de los motivos que les obliga a marcharse de allí, es porque deben de enfrentarse a inspecciones, «y si Sanitat, por ejemplo, pide a los hoteles imposibles, y eso que cuentan con medios económicos para acometer cualquier reforma que les exijan, imagínate nosotros, que apenas disponemos de dinero…. Y que conste –subraya– que nos parecen muy bien esas inspecciones, vamos, que son necesarias… Aunque a veces sean costosas, sobre todo para una economía tan débil como la nuestra. Menos mal que para hacerles frente, a ellas y a otros gastos, contamos con ayudas de Fina Santiago, consellera de Afers Socials, y Teresa Vallespir; Fundación Kalonge, Yachting Gives Back y otras entidades y donantes voluntarios, que si no…». Pues así están las cosas. Tardor quiere cambiar de lugar para mejorar su servicio, pero no puede ya que la aporofobia juega en ello un papel importante. Pero lo seguirán intentando.

Solidarios

Días atrás, el equipo de The Royal Factory Dance Academy presentó en Trui Teatre Back to the Factory, espectáculo que han estado preparando durante meses bajo la dirección de Chuss Abellán. Hip hop, afro dance, ballet, estilo chicas, canto, teatro musical, comercial dance, danza oriental, rock and roll, fueron algunos de los estilos que hicieron que el público viajara a través del tiempo. Contaron además, con colaboraciones como las de Fergon Eventos, María y José Centro de peluquería, Màgic Albert y Candy Kane.

Ángela, con su madre, y un grupo de bailarines y cantantes que quisieron apoyarla.

El show, basado en la película Regreso al futuro, con los actores Juanan Cruz y Jorge Perín, que dieron vida a Marty Mcfly y a Doc Emmett Brown, fueron quienes guiaron todo el espectáculo con una profesionalidad increíble y acompañados con más de 250 alumnos brillando en el escenario. En la gala participaron también José Antonio Ortiz, filántropo y promotor de eventos solidarios, que preparó un número especial de Michael Jackson, interpretando el Come together, dedicado a la pequeña Ángela, afectada por una extraña enfermedad, con la cual, tanto artistas como asistentes, se solidarizaron.

Siguiendo con el espectáculo, no nos olvidamos tampoco de Rocky Jackson y Los Inmortales, grupo formado por José Antonio Ortiz (que se metió en la piel de Michael Jackson), Ricki Santos, coreógrafo y bailarín; Caterina Ross, cantante, que interpretó a Jennifer Batten, que fue la guitarrista que acompañó a Michael en sus giras de los años 80 y 90; Armando y Antonio, propietarios de la cafetería-museo Transilvania; y las bailarinas Mimi, Laura y Marta. Asimismo, cabe destacar el trabajo de Ana y José, como figurantes, y el de Esteban y Carmelo, como maquilladores. Sin duda fue una velada inolvidable, en el transcurso de la cual los profesionales del arte, una vez más, demostraron su solidaridad y la sensibilidad que ponen en sus trabajos.