Pascual de Cabo, con Pepe Cáceres, residente en Tánger.

El pintor Pascual de Cabo pasa gran parte del año en Tánger (Marruecos). Mantiene su estudio-escuela en Palma, pero allí vive divinamente, por lo que nos invita a que disfrutemos unos días en dicha ciudad, «cuando menos para conocer cómo es y la amabilidad de su gente –nos dice a través del móvil–. Desde que vengo por aquí, me he dado cuenta de que he ganado en salud y en calidad de vida. Y encima, como pintor, se me considera. De hecho, expongo en Medina Gallery, y hay obra mía, de forma permanente, en el Museo Harris y, recientemente, en el de Agadir. Y en cuanto a clientes, tampoco me quejo. Porque si he sabido adaptarme a este país, he sabido también adaptar mi pintura. Por eso, me siento feliz. Y más, a medida que voy conociendo este bello lugar. Porque, como te digo, la gente es muy hospitalaria, y encima no hay delincuencia, por lo que puedes ir a cualquier parte sin problemas. Sin embargo, través de la tele veo como los ladrones, en plena calle, ya sea en Madrid o Barcelona, roban el reloj a los turistas y salen corriendo sin que los pillen… Pues bien, aquí no pasan esas cosas. El turista puede ir tranquilamente a donde le plazca… Es más fácil que te roben en Mallorca que aquí».

Observando las fotos que nos envía, nos llaman la atención las tomadas en la playa de Tánger, donde vemos pocos bañistas europeos. «Casi todos son de aquí, o gente de aquí, que emigró a países europeos, y que en verano viene a pasar las vacaciones. Muchos de ellos se hospedan en los hoteles que hay en esta playa. Como verás, las mujeres se bañan vestidas, o para ser más exactos, con un pantalón ajustado, una blusa larga y el velo. Y no lo hacen por imposición de nadie, sino por cultura. Puede que encuentres a alguna con un bañador de cuerpo entero, pero son las menos».

En cuanto a estancia y comidas, Pascual nos recomienda un hotelito que no está en la playa, peso si cerca de ella, «donde yo he pasado largas temporadas. La habitación tiene cuarto de baño, y la alquilas por unos 30 euros al día. Y está muy bien. Luego, en cuanto a comer… Bueno, si vienes conmigo, comes por cuatro o cinco euros. Y es que te llevo a lo típico, a los restaurantes donde comen ellos, restaurantes no turísticos –aclara–. Eso sí, no has de ser muy escrupuloso, pues te sirven la comida sin cubiertos, ya que antes de sentarte debes de lavarte las manos y… Pues que allá a donde fueres, haz lo que vieres. Aparte de eso, la comida, aunque sea cogida con las manos, está riquísima. ¿Que quieres comer a la europea? Pues lo haces en los restaurantes de la playa… A precios europeos, claro. Y en cuanto a discotecas, hay muchas.    Discotecas con música árabe, que al poco rato de estar en ellas, te acostumbras y disfrutas, pues es una música muy pegadiza. Discotecas como las de Mallorca, con música como la que suena allí, las encuentras también pero en unos pocos hoteles, aunque… Ya digo, a nada que te acostumbras a la música árabe, que es enseguida, te olvidas de las demás».

Pascual de Cabo, con su hija, en camello, para dar una vuelta por la playa.

Camellos y caballos en la playa

Otra de las cosas que nos han llamado la atención, volviendo a la playa, es ver que hay, como aquí, vendedores ambulantes, sobre todo de elementos que tienen que ver con ella, como salvavidas, toallas, etc., ¡y camellos y caballos! «Están allí para que los monten los turistas y se den una vuelta… Sí, por cuatro euros te dan una vuelta por la playa, los camellos a su paso, los caballos, a veces, a trote… Sí, aunque parezca mentira… ¡Camellos y caballos en la playa!, es muy típico. ¿Accidentes? No me consta que se haya producido ninguno…».

También hay conciencia de que la playa ha de estar limpia, por lo que, a menudo, grupos de ciudadanos voluntarios se dedican a ello. «Ya te digo, para verlo, has de venir por aquí». De Cabo recuerda que viajó a Tánger por primera vez hace seis o siete años, «cuando un profesor que tenía en Palma, Rashid Hambali, me dijo que si aquí conocieran mi pintura, tendría mucha aceptación. Así que me vine a ver a un galerista que me recomendó y… Pues que aquí sigo: porque me gusta el lugar y la gente, y porque también tengo clientes a los que les gusta lo que hago, como me auguró Rashid».

Pepe Cáceres también vive allí

De entre las fotos que nos envía hay una en la que aparece con un viejo conocido nuestro y de mucha gente, sobre todo de la vinculada con el mundo de la noche: Pepe Cáceres. «Ahí donde le ves, es ya, desde hace años, residente en Tánger, con una casa sobre la arena de esta playa. Con él, algunas tardes, nos vamos, dando una vuelta, hasta el bulevar, a tomarnos algo en el Gran Café París, conocido como el café de los espías, donde hablamos de nuestras cosas en torno a una mesa en la terraza… Que no siempre encuentras una libre, pero… Vamos, que nos sentimos allí cómo si estuviéramos en Palma… ¡Pero es que estamos en Tánger!, a donde él ha venido a vivir y a disfrutar de la vida. ¿Que si algún día yo haré lo mismo? No lo sé… Lo cierto es que tanto mi mujer, Marisol, como yo, aquí estamos muy bien, acordándonos, claro está, de Palma y de Sevilla. Y también ha estado muy bien Lorena, mi hija».