Uky Dah, José Antonio Guadrelli, Magdalena Gálvez y Bernardo Seguí frente a la entrada del bar. | Pilar Pellicer

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Pocas cosas hay más tristes que ver un negocio cerrado en el barrio. Por suerte, la vida ha vuelto al Bar Sonora, que estrena nuevo capítulo. El mítico bar de la calle General Riera, abierto durante cerca de 50 años, empieza un nuevo ciclo de la mano de Uky Dahl y José Antonio Cuadrelli, una pareja argentina dispuesta a rejuvenecer el espacio, manteniendo su esencia. Lo suyo es una historia de amor, de casualidades e ilusión, que recuerda a la misma que vivieron sus predecesores en los años 70.

Cada vez que Bernardo Seguí cierra los ojos en el bar ve a su madre fregando de rodillas el suelo y a su padre tras la barra con el trapo al hombro y puro en mano. Seguí ha nacido y vivido en el bar, marcado por el extraordinario esfuerzo de sus padres. Su progenitor, Juan Seguí Llompart, compró el local en 1969 a plazos y a base de un trabajo casi esclavo: «Echaban 16 horas diarias al bar para hacer frente al préstamo», rememora su hijo. Los esfuerzos dieron sus frutos y el local se convirtió en el refugio de trabajadores y vecinos del barrio. Era el prototipo de bar de barrio en los años 80, inundado de humo, cubatas y partidas de cartas entre gente humilde. Tras fallecer Juan Seguí en 2009, su mujer Magdalena trató de continuar con la sólida rutina de medio siglo hasta que la edad se lo impidió el año pasado, momento en que tocó cerrar la barrera tras 52 años de vida. «Recibimos muchas ofertas para traspasarlo y no fue hasta que nos reunimos con Uky y José cuando dimos el 'okey'», apunta Bernardo Seguí, convencido de la verdadera pasión que guarda la pareja, que se asemeja a la ilusión con la que reabrieron hace más de medio siglo atrás sus padres.

A la izquierda, el Bar Sonora en los años 70 y a la derecha, como luce en la actualidad.
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José Antonio y Uky toman el relevo del bar.
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Así luce el interior renovado del bar.

Amigos de toda la vida, Uky y José Antonio tenían claro desde el minuto 0 que querían emprender y montar un negocio relacionado con su sector, la hostelería. Cuando hace unos meses encontraron el Bar Sonora en un portal de internet, supieron que esa sería su segunda casa. «Es de un estilo parecido al de los locales porteños de Buenos Aires», señala José Antonio, muy consciente de que Magdalena Gálvez y Bernardo Seguí «nos han dado su vida» con el traspaso. Reabierto desde hace una semana, el bar luce su aspecto identitario, con detalles renovados. Han empapelado las paredes, pintado sus cristales a la vieja usanza y colocado un cartel nuevo, pero del mismo estilo. También han renovado la antigua barra, de madera de pino norte, y estrenan carta, con típica comida argentina preparada por José Antonio. «Queremos que sea un bar de mezcla de edades y culturas», recalca Uky, que no descarta en un futuro próximo acoger música en directo y actividades de la barriada. La expectación vecinal es notoria. Durante los últimos días no han cesado las visitas de curiosos vecinos, algunos de los cuales, comentando recuerdos y anécdotas ligadas a su antiguo bar de barrio.