Miquel Àngel y Jaume quieren compartir su felicidad con todo el mundo. | Click

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Lo que sabíamos sus más allegados desde hace diez, o más años, el pasado fin de semana se hizo oficial. Jaume Santandreu y Miquel Àngel Castell, sobre cuyas espaldas recae prácticamente todo el peso, en cuanto a trabajo, de Can Gazà, y hasta que cerró, de Marginalia, son pareja. Y dentro de poco se casarán, por lo civil, naturalmente, «y si lo hacemos es porque queremos que nuestra situación quede legalizada a todos los efectos», nos dijo ayer Jaume, en presencia de Miquel Àngel, muy felices ambos, dicho sea de paso.

Sentados los tres en el comedor de Can Gazà, Jaume confesó que «un viejo es como un niño, y un niño necesita dos cosas: ternura y seguridad. Y con Miquel Àngel tengo ambas cosas». Y añade a continuación: «En la recta final, la vida me ha hecho un regalo, posiblemente el más grande, y que no es otro que encontrar a la persona con quien compartirlo todo. Y esa persona es Miquel Ángel –dice, a la vez que le coge con ternura una mano, a lo que él corresponde con una sonrisa de complacencia–. Y si es así, ¿por qué tengo que seguir ocultando al mundo este regalo? Por tanto, desde ahora, pasa a ser, como diría Ramon Llull, el meu amic i amat, lo cual figurará, cuando muera, en mi esquela, escrita en catalán. …. El seu afligit amic i amat, Miquel Àngel…».

Llevan, como hemos dicho, muchos años juntos, pero sin decirlo, al menos oficialmente, lo cual hizo que el pasado fin de semana, Jaume, sin que el público que asistía al acto dedicado a él se lo esperara, lo soltara sin más. «Ellos esperaban que daría las gracias por el homenaje que se me estaba haciendo, que las di. Pero, dadas las circunstancias y el momento, aproveché y lo conté. Sí… Porque yo quiero que si me quieres es porque me conoces, y no porque hayas fabricado un Jaume a tu manera. Por eso, o me quieres por cómo soy, o sino es que no me quieres. Y querer de verdad se consigue conociéndose. Y él y yo llevábamos ya muchos años conociéndonos y aceptándonos como somos. Por eso, ¿por qué no contarlo? a todos».

«No es una relación por interés»

Observamos de reojo a Miquel Àngel, que asiente y sonríe. Es evidente que está de acuerdo con todo lo dicho por Jaume. «Le conocí en 2001, aquí, en Can Gazà. En aquel tiempo andaba un poco perdido –reconoce–. Soy gay y por entonces estaba abrumado… Entre otras cosas porque aún estaba en el armario y no sabía cómo salir. A eso unamos que me había quedado sin trabajo –nos dice que fue encargado del matadero–. Así que, y más que nada por recibir algún consejo suyo, decidí venir aquí, para hablarle… Por supuesto, sabía quién era, ya que había leído alguno de sus libros, había escuchado y leído entrevistas que le habían hecho en radio, IB3, diarios… Pero, personalmente, no le conocía aún… Recuerdo que un día, estando en El Corte Inglés, buscando un libro, escuché una conversación entre dos sacerdotes que hablaban mal de él… No intervine, pues cada uno es libre de expresarse como quiera... Pero, fue tal vez ahí, cuando decidí dar el paso para conocerle personalmente y abrirme ante él. Por eso me planté en Can Gazà, donde hablamos largamente… Fue el principio de una relación que con el paso del tiempo se fue consolidando… Y hasta hoy». «Y no fue una relación por interés, pues ya me ves –dice Jaume–, bajito, gordo, sin patrimonio, solo con un sueldo de jubilado… Vamos, que no era, ni soy, un chollo para nadie. Y encima, él tiene 25 años menos que yo y más salud que yo. Sin embargo, aquí seguimos, y yo caminando por la recta final de mi vida, feliz, a su lado… Nuestra convivencia es tan bonita que podríamos escribir un tratado sobre cómo deben de quererse los viejos».

El primer beso

Aunque ya es oficial que son pareja, y que cualquier día van a legalizar su situación en el juzgado, no conviven. Jaume vive en Can Gazà, y Miquel Àngel, que pasa todo el día allí, por las noches va a casa de su madre, a pasarlas con ella, pues está muy delicada de salud, «y mejor que esté con ella, acompañándola, que conmigo, que ya estamos juntos el resto del día». Luego, Jaume extrae de su blog una frase que ha escrito en él, referente a ambos. «Él antes me amaba y yo le quería. Ahora él me quiere y yo le amo», con lo cual Miquel Àngel no está de acuerdo, «pues hoy los dos estamos muy enamorados», afirma mirando tiernamente a Jaume.

Miquel Àngel ha de ir a Manacor, a resolver unos asuntos. Cuando bajamos por las escaleras que conducen a la calle, le preguntamos por el primer beso, que si recuerda dónde fue… «De eso hace mucho…Y fue en un coche». Jaume, que va por detrás de nosotros, lo oye y sonríe. «Miquel Àngel es muy buena persona –dice Jaume–. Hace unos años, hicimos un viaje que duró unos tres meses, un tiempo que ninguna pareja soporta sin enfadarse, aunque sea un poco. Porque todas, por muy felices que sean, tienen una crisis. Pues él, nada. Feliz todo el tiempo. No hubo manera de enfadarnos». Y hablando de enfadarse, le preguntamos a Jaume si su amigo, el obispo de Mallorca, le ha hecho algún comentario respecto a su noviazgo con Miquel Àngel, y contesta que «no hemos hablado. Ni me ha llamado ni le he llamado. Pero, vamos…Yo ya no soy sacerdote. O ya no ejerzo como tal, por lo cual puedo hacer lo que me plazca. En cambio, dos sacerdotes sí me han llamado para felicitarnos. Pero es que tampoco hay que buscar los seis pies al gato. Somos felices, no hacemos ningún mal a nadie…».

Pues sí, Jaume Santandreu, de niño violado por un fraile, misionero en Burundi y Perú, en el Valle del Chiva, donde tuvo cuatro parroquias en las que el día que mataron al Che hizo que sonaran las campanas, cura obrero, solidario hasta lo más profundo de su ser, reivindicativo, escritor reconocido, que además habla catalán, español y latín, viajero incansable, y que de haber sido cura párroco posiblemente hoy sería cardenal con un par de cónclaves a sus espaldas, diez años después de haber colgado los hábitos por decisión propia, se nos casa dentro de nada con una persona que le ha robado el corazón… Y él a esta persona también. Pues que sean muy felices juntos, ¿no?