Los niños deben aprender a gestionar sus emociones, regularlas y expresarlas correctamente.

Estamos acostumbrados, cada vez más, a que los niños y niñas jueguen en su habitación o quieran divertirse de forma solitaria con juguetes electrónicos o videojuegos. Esto no es algo negativo en pequeños momentos, pero debemos reivindicar la importancia del juego en familia para su correcto crecimiento y desarrollo.

Hoy queremos hacer un breve repaso sobre algunos beneficios que ofrecen estos momentos de diversión junto a papá y mamá, incluso con algún hermano. La mayoría de recuerdos que atesoramos de la infancia son con juguetes como ‘Mi primer Pin y Pon’, una pelota o el parchís en casa de los abuelos. No dejemos que se pierda.

7 beneficios de jugar en familia

Seremos su mejor ejemplo

Los niños son esponjas, y aprenden rápidamente todo lo que ven en su día a día. A través del juego también podemos enseñarles muchas cosas, que además interiorizarán más fácilmente al estar divirtiéndose. Valores como la cooperación, el saber ganar y el saber perder o el respeto al resto de jugadores son algo básico en cualquier partida.

Estrecharemos nuestro vínculo emocional

Cualquier actividad que llevemos a cabo y lo hagamos con nuestros hijos de la mano será un buen momento para sentirnos más unidos. Pero el juego tiene ese componente lúdico que lo hace todo más fácil para un niño, pudiendo mejorar nuestra relación y manifestar sentimientos para mantener una comunicación fluida entre todos.

Fomentaremos el crecimiento hormonal

Jugar es divertido: reímos, nos encontramos en un ambiente divertido, rejalado, mejora nuestro estado de ánimo. Esto hace que nuestro cuerpo segregue dos hormonas muy importantes: las endorfinas, que se generan ante las emociones placenteras; y la dopamina, que mejora el aprendizaje y la imaginación.

No dejarán de aprender

Si somos capaces de encontrar juegos divertidos y educativos, nos encontraremos con un niño que quiere explorar y descubrir mucho más de lo que ya conoce. La curiosidad le llevará a mejorar su atención, su resolución de problemas de manera creativa o el desarrollo de habilidades sociales. También aprenderá que hace falta constancia y esfuerzo para dominar un juego.

Nos conoceremos más unos a otros

El juego abre por completo la mente de los niños, mostrándose tal y como son, sin filtros. Esto nos servirá para detectar habilidades que desconocíamos, virtudes que no suele sacar a relucir o incluso limitaciones con las que no está a gusto. Conocernos unos a otros reforzará también la relación familiar.

Mejorarán su autoestima

Dedicarles tiempo a nuestros hijos es importante, y ellos lo perciben como tal. Pasar un buen rato jugando juntos, sin que nada más importe, fortalecerá su autopercepción. Si, además, les felicitamos y motivamos en cada partida o cada jugada, se sentirán cada vez mejor con sus resultados.

Les ayudaremos a controlar sus emociones

Otro aspecto importante que deben aprender los niños es a gestionar sus emociones, regularlas y expresarlas correctamente. No solo para ellos mismos, sino como un ejercicio de empatía en el que reconozcas las emociones de los demás. Los momentos de juego juntos nos brindan un escenario perfecto para enfatizar esto.