A pesar de que las ventas no fueran las esperadas, el mercadillo contó con una gran afluencia de público durante todo el día. Un primer día de contacto para conocer el género del mercado. | Pere Bergas

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Ataviados con jubones, túnicas, calzas y zaragüelles, casi cuarenta artesanos montaron ayer sus paradas en el mercadillo del Passeig de Sagrera, de temática medieval, el primero de este estilo desde que comenzó la pandemia.

«A pesar de la lluvia, esta primera jornada ha sido muy positiva. Es un día de estudio, una toma de contacto; quizás las ventas no han sido las previstas, pero ha habido una gran concurrencia y se ha despertado la curiosidad entre los viandantes», explica Álvaro Izaguirre, miembro de Mime Mercats, empresa organizadora de un mercado que mantendrá sus puestos en pie, entre las 10.30 y las 22.30 horas, hasta el próximo domingo.

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El artesano Emiliano Gambero graba nombres sobre madera al momento.

De oferta muy variada, en sus 36 paradas el público asistente puede encontrar todo tipo de artículos artesanos. En el puesto de Abdelati, cuencos, platos y ensaladeras marroquíes, de Fez y Safí; las hermanas Agustina y Sara aportan todos sus productos de cosmetología natural; el artesano de la madera Emiliano Gambero graba el nombre del cliente en un cuarto de hora –«durante este verano los mercados han resurgido»–; Delfina La Torre ofrece sus candiles perfumados –«todavía hay bastantes turistas, algo que se agradece»–; Celina Bonansea, sus placas de vidrio fundido; Valeria Minjolou, sus piezas de cerámica; y el artesano maño Toño Ayuso, una amplia gama de complementos en cuero, adaptados a las medidas y los gustos de cada cliente. «Desde la crisis de 2008 la situación ha empeorado, trabajamos el doble para ganar lo mismo que antes. Los artesanos siempre estamos muy expuestos a los vaivenes de la economía», asegura Ayuso.

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Maite acaba de montar su puesto de bisutería.

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Toño Ayuso elabora un cinturón de cuero de vacuno en su parada.

Gastronomía

En la Ronda de Migjorn, bajo el Bastió de Sant Pere, los aromas de las especias se entremezclaban con el vapor del pulpo cocido, la carne de kebab en rotación y la pizza recién horneada. Una mezcla de olores que, aunque a priori parezca abigarrada, abre el apetito de cualquiera. «La zona gastronómica ha funcionado muy bien. La gente esperaba con ansia a que se diesen de nuevo estos encuentros», afirma Izaguirre.

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El pulpo a la gallega, en este puesto de Lugo.

En el puesto de Picapulpo, que dispone de más de una decena de mesas, los comensales pueden degustar pulpo a la gallega, lacón cocido al vino Ribeiro, pimientos de padrón o parrilladas de carne. «Venimos desde Lugo y hacemos ferias por toda España; este es el primer mercado al que asistimos desde el estallido de la pandemia», comenta Nacho Fernández, propietario de la pulpería.

A pocos metros, el público encuentra pizzas al horno de leña, kebabs tradicionales o patatas fritas y asadas in situ.