Como no podía ser de otro modo, entre sus tatuajes están el yugo y las flechas.

María Garau, 28 años, madre soltera de una niña de cuatro, que vive en pareja con un joven que no es el padre de la niña, es, como sabéis los seguidores de esta página, la delegada de Falange en Llucmajor.

Nos dice que ahora vive gracias a unas rentas y que dedica el tiempo a su hija, a estudiar Historia a través de unos cursos que ha encontrado en Internet, y, con el nombre de Falange, a llevar ropa y alimentos a los más necesitados. Nos dice también que en su momento, como madre soltera, pidió ayudas, «pero me las negaron, lo cual me sorprendió, sobre todo porque los políticos de ahora están por defender los derechos de la mujer… Claro que, por lo que veo, una cosa es decirlo y otra hacer lo que dicen que van a hacer».

Me han llamado asesina

En Llucmajor, casi todos saben a qué partido representa. «Unos me animan a seguir, diciéndome que soy una valiente; otros, sobre todo a través de internet, me insultan y me llaman asesina. Ya ves, asesina… ¡Y qué sabrán ellos! Yo, desde luego, ni les contesto. También me llaman facha, cuando no lo soy, pues acepto cualquier tipo de credo, raza, idioma, costumbres, tendencias sexuales… Siempre y cuando no nos lo quieran imponer.

Lo digo porque no estoy en contra ni de los extranjeros, ni de los inmigrantes, siempre y cuando vengan a la Isla a trabajar, a aportar algo y a respetar nuestras costumbres. Por ello estoy alucinada viendo que ahora quieren imponer a nuestros hijos el islam. Yo ya he dicho en el colegio al que va mi hija, que de islam, nada. Que ella, si estudia religión, que sea la católica, y… Pues que no a las imposiciones que llegan desde arriba», concluye.

«Además –dice–, el islam es machista, no defiende para nada a la mujer. En los países islámicos, el hombre es el que manda y la mujer hace lo que el hombre le ordena. O al menos eso es lo que veo. Por tanto, no me explico el silencio de las feministas… En cambio, si voy a cualquiera de esos países tendré que hacer lo que hacen allí, no me podré bañar en bikini, por ejemplo, ni ir a misa, porque no hay iglesias, ni hacer lo que hago en Mallorca. Por tanto, si ellos vienen aquí, me parece muy bien que hagan lo que están acostumbrados a hacer, pues, como he dicho, respeto sus costumbres y tradiciones, pero que no impongan nada, como, por ejemplo, que en nuestras escuelas se den clases de islam. ¿Que me van a llamar facha por pensar así y encima manifestarlo? Bueno, ¡qué le vamos a hacer! Prefiero más que me llamen eso, a rendirme o a ceder ante imposiciones que llegan de afuera».

Dieciocho tatuajes

El pasado domingo, 18 de julio, María lo pasó, en gran parte, en la piscina, bañándose y tomando el sol. Lucía bikini, que dejaba al aire algunos de los tatuajes de su cuerpo.

«En total, tengo 18 tatuajes, algunos de ellos ocultos. Tatuajes con el nombre de mi padre, de mi hija, de mi sobrino y de mi pareja. Tengo en el brazo uno del yugo y las fechas, otro de la cruz de San Andrés, otro de la patrulla Águila, de la Guardia Civil, otro de la bandera de España…»

Confesó que tenía unos kilitos de más, y que si los había cogido había sido por el tiempo que hemos estado encerrados en casa, o no pudiéndonos mover a nuestro gusto a causa de las restricciones. «Mi peso ideal son los 52 kilos, pero he llegado a pesar muchos más, y ahora ando por los 58, que poco a poco voy reduciendo. Así que no me quejo».

«No hicimos ninguna celebración por el 18 de julio –reconoció–. Recordamos la fecha del Alzamiento de 1936 a través de las redes sociales, pero nada más. No es tiempo para actos ni concentraciones de gente. El coronavirus sigue ahí, por tanto no conviene hacer algo que pueda ser perjudicial».

Botellones y vacunas

En cuanto a Llucmajor, su pueblo, señala que «lo de la pandemia lo están llevando muy mal –se refiere a las autoridades–. Hay mucho botellón, sobre todo en las playas, y muchas fiestas ilegales, tanto en chalets como en fincas, pero pocos efectivos, me refiero a la Policía Local y Guardia Civil, para controlarlo todo. Y es que lo llevan tan mal, que incluso el alcalde se ha contagiado, parece ser que estando en un acto que se celebró en el campo de fútbol, acto al que asistieron también muchos jóvenes».

Y refiriéndose a la vacuna, y a vacunarse, asegura que no tiene nada en contra, ni de lo uno ni de lo otro, y que respeta muchísimo a la gente que se vacuna. «Desde luego, no diré a nadie que no se vacune, pero yo tengo muy claro que, de momento, no me voy a vacunar, sino que me voy a proteger, a tomar todo tipo de precauciones y a esperar a que salga otra vacuna mejor, con más garantías que estas, ya que son muchas las personas que tras haberse vacunado se han contagiado, lo cual no me cuadra. Como tampoco me cuadra que ni los laboratorios farmacéuticos, ni los gobiernos, se responsabilicen de los efectos secundarios que puedan tener. Por eso, si me ha ido bien como lo he hecho hasta ahora, voy a seguir haciéndolo».

Por último, y en lo que respecta al futuro, «o cambian las cosas, o lo veo muy negro, y más teniendo una niña. ¿Que si la Falange puede ser la solución…? Hombre, está claro que los que están ahora gobernando no la tienen».