La vela, una pasión sin edad

| Calviá |

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La escuela de Puerto Portals imparte clases prácticas para adultos aficionados a este deporte cada fin de semana.

La escuela de Puerto Portals imparte clases prácticas para adultos aficionados a este deporte cada fin de semana.

Fieles a su cita con el mar, como cada domingo, en la Escuela de Vela de Puerto Portals impartieron ayer su habitual clase para adultos. «En cierto modo, navegar es intuitivo. Los niños aprenden más despacio, pero recurren mejor a su intuición. Si eres adulto el aprendizaje es más rápido, pero no puedes valerte tanto de tu instinto», explica Marta Reynés, directora de la escuela.

Los alumnos pasaron poco tiempo en tierra firme. A su llegada, prepararon sus veleros, compactos e individuales y, tras ser informados de los ejercicios del día, así como del estado climatológico, pusieron a flote las embarcaciones y se lanzaron al mar. «Son las horas en el mar las que aportan la verdadera experiencia», afirma Reynés, quien, junto a otro instructor, acompañó a los navegantes manejando una lancha neumática.

Clases prácticas

Los alumnos ya poseen conocimientos de navegación y las clases son esencialmente prácticas. «Siempre he estado vinculada al mundo náutico; de pequeña practicaba vela y quería retomarlo», señala Mercedes, una joven que lleva dos años recibiendo clases. «El tacto que te proporciona una vela ligera no te lo da ninguna otra nave; se lo recomiendo a quien le guste el mar o quiera dedicarse al mundo de las embarcaciones».

Otros se interesan por las clases cuando quieren volver a navegar tras un tiempo, o bien cuando pretenden desarrollar su técnica y potenciar sus habilidades. «Con la vela ligera adquieres más técnica y confianza. Vas solo, debes manejar la caña y la vela, además de saber ejecutar las maniobras necesarias sin ayuda», indica Paco Ruiz, quien ya tenía experiencia en el manejo de la vela de crucero.

Palma, Discreto, Vela portals

Durante la hora y media de práctica, los monitores corregían a los alumnos y, si resultaba necesario, acudían en su ayuda, colaboraban para enderezar el velero si había volcado o les proporcionaban un momento de descanso si se encontraban extenuados, pues se trata de un deporte muy exigente. «De joven navegaba bastante. Quiero recuperar la confianza y adquirir conocimientos; la primera lección es conocer los límites y capacidades de uno mismo», manifestó Phinn Ackermann, otro de los alumnos.

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