La lucha diaria del sector de la restauración ante las restricciones. | Julián Aguirre

A falta de una semana para que, en principio, los bares, que tengan terraza, puedan sacar sus sillas y mesas para recibir a clientes, establecimientos como la cafetería Ca’n Arias, de la calle Joan Monserrat Parets, 2, en el Coll d’en Rabassa (Palma), levantan cada mañana la persiana, de lunes a viernes, a las 5,30 para atender a los más madrugadores. «Desde primera hora se acercan muchos trabajadores para llevarse el primer café, tostadas o bocadillos para desayunar», comenta Josefina Carrasco.

Hace casi 12 años que Josefina y su marido, Rafael Arias, ya jubilado, abrieron la conocida cafetería. «Antes teníamos la pizzería Saira, en Pont d’Inca Nou, y hace 11 años y medio abrimos Ca’n Arias».

Actualmente Josefina lleva la cafetería con la ayuda de su hijo, Javier Arias, y su nuera, Cristina Machado. «Antes de la pandemia, cuando teníamos abierto tanto el interior como la terraza, contratábamos a un empleado».

Afortunadamente el local lo tienen en propiedad, por lo que no tiene que costear alquiler, pero aún así «ha sido duro. Cuando hemos podido abrir la terraza podíamos ir tirando. Ahora mismo, solo con cafés, bocadillos y menús para llevar, la cosa cambia. Nos llega justo para cubrir gastos».

Desde el principio, la cocina de Josefina ha deleitado a una clientela fiel que conoce el éxito de sus bocadillos de calamares y ‘serranitos’. «La gente viene mucho para estos bocadillos. Al mediodía también se llevan el menú, pero no es lo mismo que un cliente se lleve el pedido a que pueda disfrutar de merendar o comer en la cafetería tranquilamente».

Además del vecindario, hasta Ca’n Arias se acercan muchos trabajadores. «Vienen de la zona y del centro de Palma, como médicos y personal del hospital San Juan de Dios, de Ca na Paulina, trabajadores del aeropuerto, de Emaya...».

Optimista con que el próximo martes, día 2 de marzo, las terrazas se puedan abrir, Josefina ya está deseando recibir a sus clientes.