Toni Cerdà, propietario de sa Fonda. | C.Viera

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Pocos vecinos de Manacor no se han tomado alguna vez un café o han comido en sa Fonda. Este establecimiento, en la plaza Ramon Llull, está regentado por Toni Cerdà y abre todos los días. Actualmente están al frente él y su mujer, pero mantienen en ERTE a once empleados.

Su fama y prestigio en la ciudad, tanto como bar y cafetería como restaurante, no les ha evitado sufrir los estragos de la actual situación sanitaria y económica. Hoy por hoy, mantienen un servicio de recogida, pero tanto el interior del bar como su terraza están cerrados al público en cumplimiento de las restricciones sanitarias. «Tenemos abierto no para ganar dinero, sino para que las pérdidas sean menores», lamenta Cerdà, que pasa los días atendiendo a muchos clientes sirviéndoles básicamente cafés, bocadillos y bollería. «Tenemos solo en electricidad un gasto mensual de más de 600 euros y apenas cubrimos gastos». Aguantarán el tiempo que puedan y mientras sigan teniendo género, ya que los pedidos de productos perecederos a proveedores se han paralizado ante las dudas de continuidad.

Cerdà sostiene que, si la situación continúa como estos últimos días, se plantearán cerrar provisionalmente en espera de tiempos mejores. «Con la terraza podíamos llegar a un 30 % de la facturación normal, ahora con solo el servicio de take away los ingresos son anecdóticos. «Esta restricción es exagerada, sobre todo considerando que los supermercados están llenos» es su conclusión al respecto de las últimas medidas.

«Se ha puesto demasiado peso sobre la hostelería mientras los políticos dan palos de ciego», prosigue, y añade que el escenario del confinamiento fue mejor, ya que trabajar como se trabaja ahora es peor que la obligación de cerrar. «Lo malo no es no ganar dinero, sino tener que estar perdiéndolo, es una situación crítica». El restaurante empezará a emplear una aplicación de servicio a domicilio durante los fines de semana a modo de prueba para poder poner de nuevo en marcha su cocina.