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«Mallorca era donde se encontraban los mejores trenzadores del mundo». Así lo afirman los autores del libro El trenat de pell a Mallorca al segle XX, obra del historiador Rafel Morro y el economista y empresario Miguel Sanz.

«Fue en la primavera del año 2016 cuando Heike Rossenau, una ingeniera textil alemana, veraneante en Mallorca, se puso en contacto conmigo para conocer la historia del trenzado en la Isla. Ella paseaba por un mercado y lo descubrió», comenta Rafel Morro. En marzo de 2017 comenzaba el trabajo para desarrollar un libro.

Trenzadoras de la empresa Matrema realizando su trabajo sobre piel en 1968.

Morro comenzó a investigar, hablando con gente, buscando por ayuntamientos y bibliotecas, pero su particular tesoro lo encontró con Miguel Sanz, concretamente en lo archivos de la empresa Matrema, de Inca. «Mi padre fundó la fábrica y guardó toda la historia, balances, etc, desde el año 1955. Yo tenía datos, pero no soy historiador, y cuando Rafel me explicó la idea no lo dudé», comenta Miguel Sanz, quien también fue empresario durante muchos años. Ambos, a pesar de la diferencia de edad, muestran verdadera pasión por la historia de esta industria, y en especial la del trenzado.

«Podemos decir que hemos cogido un 30 o 40 por ciento de todo el material que teníamos y que yo, por mi parte, me he quedado con ganas de hacer un segundo libro, un poquito más técnico, sobre cómo se hace el trenzado, los productos, etc», comenta Sanz.

El sector del trenzado en Mallorca tuvo fama mundial, «éramos los mejores trenzadores del mundo y las empresas, como Matrema y otras, asistíamos a ferias en París, Milán, Bolonia y otros mercados en cuatro continentes».

En ese sentido añade que «en los años 30 y 40, cada empresa de calzado fabricaba sus propios modelos de trenzado, y llegó un momento en que una serie de almacenistas, entre ellos mi padre, Juan Sanz Ferragut, vieron que ellos podían fabricar el trenzado fuera, en unidades separadas de las fábricas de calzado, y convertirse en proveedores de éstas. Comenzó con una empresa de tres personas, con cinco modelos muy básicos y hechos a mano, y en diez años multiplicaron sus beneficios por cien», asegura Sanz.

Las primeras unidades del trenzado salieron en 1953/54 fabricadas de manera propia, «aunque los romanos ya lo hacían», aclara Rafel Morro. El libro ilustra con fotografías desde las maquinarias que se utilizaban hasta los productos en los que se empleaba el trenzado. Se utilizó en tapicería, mobiliario, joyerías, marroquinería, etc. Y refleja cómo las trenzadoras mallorquinas asistían a ferias por todo el mundo. El mercado se perdió cuando el sector del calzado de la Isla decidió comprar directamente el trenzado a India o Bangladesh.