Puntadas al pasado

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El aprecio por los detalles de prendas de época animó a Pep Pons a aprender a coser.

El aprecio por los detalles de prendas de época animó a Pep Pons a aprender a coser.

Lydia E. Larrey

Cada vez son menos las modistas que realizan trajes de payesa en Mallorca, quizás por ser una tarea laboriosa, o por ser la de costurera a medida una profesión en declive. Por ello, puede llamar la atención encontrar a Pep Pons y Rafa Beltrán, dos jóvenes modistos dedicados a la confección de indumentaria tradicional, y, sobre todo, porque más allá de realizar prendas a medida, investigan, localizan y, en ocasiones, hasta reproducen piezas antiguas originales.

Labor que detallan a través de sus respectivas cuentas de Instagram (Sedes i draps y Rafinca tradicional), que permiten descubrir la riqueza y diversidad de estilos que existía en los armarios de antaño, ya que la moda también marcaba la vestimenta de nuestros antepasados, contrariamente a esa percepción que podemos tener en la actualidad de una vestimenta con cierta uniformidad, que tanto Pep Pons como Rafa Beltrán coinciden en achacar a la folclorización de la indumentaria, también por la adaptación de las prendas a su uso más habitual: las muestras de baile.

La esencia de las prendas

La confección de faldas, gipons, rebosillos y volants durante años ha corrido a cargo de modistas que reproducían piezas que, aunque inicialmente pudieran ser de época, con el tiempo se han ido estandarizando con la introducción de nuevos materiales y técnicas para economizar tiempo –y coste–, o detalles al gusto de la clientela, perdiéndose parte de la esencia de las prendas.

Rafa Beltrán en su taller en la calle Velázquez de Palma.

Probablemente no sea coincidencia que Pep Pons y Rafa Beltrán sean bailarines, el primero en Aires d’Andratx, el segundo en la Revetla d’Inca –agrupación de la que es presidente– y que, en un momento dado, empezaran a coser alguna pieza y reproducir detalles o hechuras en desuso, y han acabado por dedicar gran parte de su tiempo no solo a confeccionar trajes de nueva factura, sino también a recomponer prendas antiguas para que puedan volver a ser lucidas después de mucho tiempo en un arcón.

Detalle de faldas antiguas, con remate en forma de ‘cepillo’ de la misma tela del cuerpo y cordoncillo trenzado bicolor.

Una prueba de que la indumentaria tradicional comienza a dignificarse, aunque aún hay mucho camino por recorrer, sobre todo mientras queden personas que lo consideren un disfraz.

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