Pepe Lloreda, propietario del centro de hípica Sa Fita.

TW
0

Montar a caballo es uno de los deportes que más llenan a nivel emocional. Se consigue crear un vínculo entre caballo y jinete. Con estas palabras, Pepe Lloreda (1978) define la equitación. A los 8 años, Pepe se subió por primera vez a un caballo y no tiene pensado bajarse hasta que el cuerpo se lo permita. Se formó durante años entre Alemania e Inglaterra, y actualmente es el propietario del centro de hípica Sa Fita, Marratxí.

Beneficios

«Montar a caballo requiere estar en buena condición física, si no se quieren sufrir las temidas agujetas. A toda esa gente que dice que montar no es un deporte, les animo a que lo prueben», comenta Pepe. Para algunos practicar equitación puede ser un deporte arriesgado, ya que el jinete debe controlar a un animal que puede llegar a pesar más de 500 kg, por lo que en este caso no es una cuestión de fuerza, sino de técnica. «Aquel que monta se cae, es inevitable. Hay caídas más aparatosas que otras y es un error pensar que todas pueden acabar como el triste accidente del actor Christopher Reeve. En todos los deportes de contacto existe cierto riesgo. Jugando a fútbol, por ejemplo, se pueden sufrir lesiones importantes. La hípica no es peligroso, si se practica con sentido común, ni tampoco debe considerarse como un deporte de riesgo», puntualiza Lloreda.

Practicar equitación es para todos los públicos y todas las edades, aunque por una singular razón hay más presencia femenina que masculina. «En Sa Fita tenemos niños desde los 3 años hasta los 70, además de alumnos federados que compiten en concursos locales y nacionales. De momento están todos suspendidos por la crisis. Estamos esperando el nuevo calendario», comenta.

Montar a caballo conlleva indirectamente una serie de beneficios físicos y psicológicos. En cuanto a los físicos, la hípica aporta una mejora de la postura, regula el tono muscular, favorece la circulación sanguínea, además de la coordinación, los reflejos y el equilibrio. Los beneficios psicológicos que implica practicar la equitación se encuentra la mejora de la confianza, la concentración y la capacidad de atención. «Un caballo puede ser impredecible, por lo que hay que aprender a gestionar las situaciones a base de técnica. Se practica al aire libre y rodeados de naturaleza. Es un deporte muy completo. Conseguir que jinete y caballo sean uno, tanto en doma como en salto, es una sensación maravillosa», argumenta Pepe.

Noticias relacionadas

Desescalada

El 14 de marzo empezaron las vacaciones para la manada de Pepe. Las clases se detuvieron a causa de la COVID-19, hecho que supuso cierto descanso para los caballos de escuela. «Los caballos necesitan moverse. Al no poder montar, los sacaba y les daba cuerda para que se desfogaran un poco», comenta.

No fue hasta la entrada de la fase dos cuando las clases pudieron reanudarse. Bajo los protocolos de seguridad y protección, Sa Fita empezó a recibir a sus primeros alumnos. «Las clases se redujeron a tan solo dos alumnos. Aunque es un deporte que no requiere de contacto físico con el resto de jinetes, se mantenían las distancias de seguridad en todo momento para que tanto alumnos como instructores se sintieran cómodos y seguros». Ahora, ya en la fase 3 a partir de hoy, la nueva normalidad empieza a palparse en Sa Fita. Las clases ya cuentan con un máximo de 10 alumnos, aunque se siguen manteniendo todas pautas de seguridad.

Alumnos

Para Marta Gutiérrez de San Miguel, madre de Blanca, una de las alumnas de Sa Fita, montar a caballo ayuda a gestionar la frustración y la disciplina. Su hija empezó a practicar la equitación con tan solo 6 años. Ahora, con 8, la pequeña jinete salta y galopa como una auténtica amazona. «Aunque se ha llevado algún que otro susto sin importancia siempre se ha vuelto a subir al caballo», explica Marta.

Patricia Ferrer, de 11 años, es otra de las alumnas que empezó a montar a caballo hace tan solo un año. «Su afición por la hípica le viene desde bien pequeña. Sin temor a la desescalada, pero siempre con precaución, vamos a clase dos días por semana», explica su madre.