La lluvia de estrellas de las gemínidas, junto a las perseidas, es uno de los espectáculos astronómicos más especiales del año. | Efe

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Las gemínidas, probablemente la mejor lluvia de meteoros del año si no fuera porque tiene lugar en diciembre y suele verse empañada por el mal tiempo, tendrá su máximo apogeo esta semana, durante la madrugada del jueves al viernes. Aunque este 2018 se ve beneficiado por la oscuridad que aporta la Luna Nueva del día 14. Se espera que la frecuencia de meteoros en el cielo sea de uno por minuto en condiciones óptimas de observación.

Esta clase de espectáculos, popularmente llamados 'lluvias de estrellas', se producen cuando la Tierra cruza la órbita de un cometa, objetos estelares que van dejando una estela de gas y polvo que al entrar en la atmósfera terrestre se desintegran y brillan.

El caso de las gemínidas es «muy especial» porque esta lluvia de meteoros no procede de un cometa sino del asteroide Faetón (por Phaethón, hijo de Helios, el dios Sol), un cometa exhausto sin elementos volátiles que fue descubierto en 1983. Faetón, que mide 5,10 kilómetros, se acerca al Sol cada 1,4 años, pero es, además, el asteroide que más se acerca al astro de todos los conocidos, incluso más que el planeta Mercurio, una aproximación que hace que algunos de sus residuos de quemen formando la cola de grava que da lugar a la lluvia de meteoros.

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Las gemínidas, como las famosas Perseidas del verano, son uno de los espectáculos «más brillantes y regulares del año y merece la pena intentar observarlas», explica a Efe el astrónomo del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) Mario Tafalla.

«Si el tiempo acompaña, este año es un buen año para ver la lluvia de meteoros, porque la Luna está en fase creciente, lo que significa que no estará muy brillante», aclara.

Para disfrutarlo sólo hace falta tener buena vista y mirar al cielo pasada la medianoche y en dirección opuesta a la Luna (para evitar que su brillo y mejorar el contraste). Esta lluvia de estrellas parece surgir de la constelación de Géminis, de la que toma su nombre, pero «lo cierto es que el espectáculo se ve por todo el cielo, no hace falta ni saber dónde está esa constelación», aclara el astrónomo.