Las navegantes Valerie Bisbal y Cat Friend explican su aventura de dar la vuelta a Mallorca en paddle surf. | Jaume Morey

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Nadie les dijo que fuera a ser fácil. Y no lo está siendo. Un mes de junio tan revuelto como el de este año está suponiendo más dificultades de las previstas en la odisea de la sollerica Valerie Bisbal y la inglesa Cat Friend de dar la vuela a Mallorca en paddle surf. La pareja salió del Port de Sóller el pasado 1 de junio y, tras 13 días de travesía, han navegado unos 180 de los 555 kilómetros que aproximadamente cuenta la ruta, con final también en el puerto de salida. Este miércoles estaban en la playa de Cala Varques, una de las más idílicas de la costa de Manacor. «Está siendo duro, pero más o menos es que lo que nos esperábamos. No hay nada que nos haya parecido insalvable aunque, a decir verdad, esperábamos un tiempo más apacible y, sobre todo, más estable», explica Valerie.

En un principio, el periplo iba a tener una duración de unas tres semanas, pero la inestabilidad meteorológica está haciendo que vayan con un poco de retraso. «Tampoco nos preocupa mucho. Yo me he cogido todo el mes libre de vacaciones en el restaurante que llevo con mi hermano y Cat está ahora sin trabajo». «Trabajaba en Londres en unos grandes almacenes», añade la joven inglesa.

El propósito de la travesía es doble: primero ser las primeras en rodear la Isla por este medio y, segundo, hacer un llamamiento ecologista a través de la asociación Ondine ante la proliferación de plásticos en el mar. «Nos estamos encontrando con muchos desperdicios no renovables, aunque más en la playas que en el agua. Cuando llegamos a una cala, la limpiamos y dejamos los desperdicios en las papeleras», explican.

La exigencia física está siendo importante. Por ejemplo, Valerie lleva una tira en su antebrazo derecho para proteger la muñeca, y Cat otras dos en el hombro izquierdo y en su rodilla derecha.En cuanto a la alimentación, los preparados para deportistas con gran cantidad de hidratos de carbono y proteínas son la base de su dieta. «Tenemos unas bolsas de chili con carne que están buenísimas y a veces también nos permitimos el lujo de comernos un bocadillo en un chiringuito». Durante gran parte del recorrido han contado con una embarcación de apoyo con familiares y amigos. «Esto nos da una gran tranquilidad. El primer día que no la tuvimos fue el peor. En la bahía de Alcúdia nos encontramos con el barco de Balearia que va a Ciutadella y tuvimos que desandar parte del trayecto porque es que veíamos que se nos echaba encima», explica Valerie.