Los expertos recomiendan prestar mayor atención a los niños y a las personas mayores en esta materia. | Pixabay

TW
3

El Departamento de Óptica, Farmacología y Anatomía de la Universidad de Alicante (UA) ha recomendado el uso de gafas de sol homologadas con el sello de la Comunidad Europea (CE) para evitar los daños que puede causar a la visión una larga exposición al sol, especialmente entre las 10.00 y las 16.00 horas.

Para evitar cualquier alteración, una de las condiciones imprescindibles es la elección de una gafa de sol que esté marcada con el sello de la Comunidad Europea (CE), puesto que ello indica que respeta la normativa europea. Además, «no se debe olvidar que la gafa es un elemento importante para la salud visual y, por tanto, su adquisición debe estar supervisada por un óptico- optometrista», ha señalado desde el Departamento de la UA, David Piñero.

En este sentido, han explicado que a pesar de que la mayor parte de la radiación nociva que proviene del sol es absorbida por la atmósfera, a la superficie terrestre llegan rayos ultravioleta suficientes como para causar quemaduras de piel y complicaciones oculares en estructuras como la retina y la córnea por lo que algunos estudios ponen de manifiesto que cada hora que se dedica a estar expuesto al sol en verano incrementa en un 4 por ciento la posibilidad de desarrollar alteraciones en la estructura del cristalino.

Desde la UA, han apuntado que el uso de gafas de sol homologadas durante esa franja horaria puede reducir dicha probabilidad alrededor de un 2 por ciento. Asimismo, la radiación ultravioleta es un factor de riesgo para los ojos que «produce un efecto acumulativo que podría desencadenar en algún caso en problemas en los fotorreceptores, mala visión de forma progresiva, degeneraciones maculares, o la aparición de un pterigión, un tejido que invade la córnea, conocido coloquialmente como la palmera».

Concretamente, en España, se debe prestar especial atención a la protección de los ojos frente al sol de junio hasta agosto ya que «es la temporada y las horas donde el sol se encuentra en la mejor posición para hacernos llegar sus rayos ultravioletas».

Del mismo modo que el precio no es un parámetro de calidad, el color de la lente «tampoco es un indicativo de la protección que ofrece». «El color de los cristales no es un factor crucial en la elección de la gafa de sol, lo principal es comprobar el grado de filtración y su marcado CE para comprobar que es un producto homologado», ha aseverado Piñero.

«Lo que se sabe a partir de un estudio reciente es que la selección del color es arbitraria, ya que está relacionado con las características del tipo de luz trasmitida por el cristal y, por tanto, que llega al ojo». Esta elección puede afectar al proceso de supresión de la melatonina una hormona liberada por el sistema endocrino y que regula muchas de las funciones corporales, sobre todo en el sistema reproductivo, el impulso sexual, el crecimiento y el estado de ánimo.

Asimismo, los filtros amarillos y marrones parecen tener la capacidad de influenciar más la secreción de esta sustancia. Por ello, es recomendable a la hora de escoger un color de gafa de sol, que consulte con un óptico-optometrista que indicará la idoneidad del grado de filtración y coloración del filtro que seleccione», ha indicado el experto.

Otro aspecto importante es conocer el grado de filtración necesario para el entorno y la actividad en que la utilizamos. De acuerdo con la normativa europea sobre gafas de sol, los filtros de protección solar se clasifican en cinco categorías, del 0 al 4.

En el caso de la conducción es correcto el uso de una protección de categoría 1, 2 o 3 no usando jamás la 4 ya que podría dificultar la percepción de las señales de tráfico. «En verano con una protección categoría 2 o 3 es más que suficiente, pero en el caso de que practiquemos deportes de agua o en alta montaña, donde existe una reflexión de la luz solar considerablemente, sería adecuado utilizar una protección 4», ha señalado Piñero.

Además, han recomendado «poner especial atención y cuidado en los más pequeños y las personas mayores», puesto que «los niños y niñas son sobre todo sensibles a la radiación ultravioleta, debido a que el cristalino resulta muy transparente hasta la adolescencia». En este sentido, es recomendable el uso de filtros de las categorías 2 y 3, así como de lentes y varillas muy resistentes. En el caso de las personas mayores se recomienda la misma categoría que para los niños.