Entre cuatro y cinco mil personas asistieron a la batalla de agua entre Canamunt y Canavall. | P. Pellicer

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Para que haya una conmemoración tiene que haber antes una historia. En este caso la hubo y fue la lucha entre dos familias palmesanas, los Rossinyol, de Canavall, y los Anglada, de Canamunt, que terminó en un conflicto que se prolongó durante años. Êste domingo, aunque de forma divertida, se conmemoró la lucha entre ambos bandos con una guerra de agua que tuvo lugar en el Parc de la Mar y que promovió el colectivo Orgull Llonguet.

Así, a las cuatro de la tarde, los de Canamunt y los de Canavall se fueron congregando en las plazas de Llorenç Bisbal y Atarazana, respectivamente. Los primeros, vestidos de rojo, y los segundos, de amarillo, con Eduard de Sastre y Pep Cabrit, sus respectivos líderes, a la cabeza.

Una hora después –Emaya se retrasó en llenar las piscinas con agua reutilizada–, provistos con pistolas y ametralladoras de agua, empezó la lucha.

De los 20.000 litros que Emaya dejó en las piscinas, en un primer envite se fue una cuarta parte. ¡Qué manera de atizarse! Aquello, poco menos, era un diluvio en horizontal. Acribillamientos acuíferos sin piedad.

Entre combatientes y mirones asistieron entre cuatro y cinco mil personas.