El proceso de reconstrucción duró casi dos años, pero Jaume asegura que valió la pena.

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Jaume Ripoll adquirió en el año 2000 este magnífico Dyane 6 de 1981 a un mecánico chapista de Inca; estaba en condiciones aceptables pero necesitaba algunas mejoras. Por ejemplo, el cambio de marchas fue su principal caballo de batalla, pero no fue difícil encontrarle la solución, ya que un hermano de Jaume tenía un vehículo igual que estaba fuera de uso, y solo hubo que cambiarle el cambio de marchas para que el vehículo volviera a funcionar. Aún así, el Dyane necesitaba un repaso más a fondo, así que hace dos años Jaume decidió que era el momento de darla una vuelta al coche y dejarlo en perfectas condiciones para que durara muchos años.

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Como su trabajo como bombero no le dejaba mucho tiempo y, además, la mecánica no es su especialidad, decidió dejarlo en manos de un profesional. Por eso, después de mucho mirar y estudiar presupuestos apostó por un mecánico de Manacor como la mejor opción. Así que dejó el Dyane en sus manos que acometió una reforma integral desmontando el coche por completo para proceder a su restauración.

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Primero lo volvió a pintar de un nuevo color, verde dejando atrás el beige original que tenían los coches de este modelo al salir de fábrica. Y luego se le fueron cambiando o restaurando las piezas del motor que necesitaba hasta llegar al interior con una nueva tapicería que le da un aspecto magnífico.

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El proceso de reconstrucción duró casi dos años, pero Jaume asegura que valió la pena porque, como se puede apreciar en las fotografías, el coche presenta un estado estupendo e ideal para disfrutar de su conducción durante muchos años. Este Dyane 6 ha pasado por varias manos hasta llegar a nuestro protagonista. Su primer propietario fue de Porreres, luego el vehículo acabó en Selva y, finalmente, pasó a manos de un chapista de Inca hasta que Jaume lo encontró.

En la actualidad, Jaume no lo utiliza mucho, aunque hubo un tiempo en que era el único coche que tenía y no estaba parado ni un minuto, pero ahora apenas si recorre unos 3.000 kilómetros al año. Cuando lo compró había recorrido unos 60.000 kilómetros y durante cinco años él le hizo otros 30.000 hasta que en 2018 acometió la restauración. Ahora solo lo conduce los fines de semana para hacerle algunos kilómetros y mantenerlo en condiciones, para salir con los amigos o el club del 2CV al que pertenece. Reconoce que se ha vuelto un tanto proteccionista y no deja que nadie lo conduzca, aunque no es un coche fácil de conducir, por su cambio de marchas, y por eso no le gusta que otras personas lo toquen.

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