Valls de Padrines ha escrito el prólogo a los textos de Oliver Domenge.

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Joan Valls de Padrines Amengual (Felanitx, 1983) es historiador aunque trabaja como informático. Más allá de su profesión, Joan Valls de Padrines tiene en sus antepasados felanitxers un importante legado. Entre ellos destaca la figura de Pere Oliver Domenge (Ciutat, 1886 - Felanitx, 1968). Oliver Domenge ejerció de farmacéutico y fue alcalde de Felanitx desde 1931 hasta que en 1936, tras estallar la Guerra Civil partió hacia Menorca. Recaló en Barcelona y después Filipinas, antes de volver en 1952 a Felanitx. Joan Valls de Padrines ha escrito la introducción a la publicación de dos de los textos de Oliver. El libro, La Catalanitat de les Mallorques / Joanot Colom i Cifre. Instador del poble publicado por Adia Edicions también cuenta con una cronología de Bartomeu Mestre Balutxo.

¿Quién era Pere Oliver Domenge?
— Es una figura desconocida. En determinados círculos se le conoce como el alcalde republicano de Felanitx. Pero su figura trasciende la de un político local.

Pocas referencias tiene en Felanitx.
— El nombre de una escoleta, una placa en el mercado y una placa en la plaza de ses torretes (Pax). En Palma tiene una calle dedicada.

La semana pasada se proclamó Hijo Ilustre de la ciudad a Joanot Colom...
— Creo que en Felanitx existe una barrera cerrada para no hacer hijos ilustres a políticos. Tal vez deberá esperar 500 años como Joanot Colom para que se le reconozca como tal.

Oliver Domenge fue un intelectual en la Mallorca de principios del siglo XX.
— Viene de buena familia, su padre fue farmacéutico en Felanitx, es Mercadal y Barcelona. Por tanto él en su juventud está establecido en Barcelona y se ve que políticamente viene de una tradición federal progresista, que bebe de estas corrientes de finales del siglo XIX. Sin duda le vemos con un ideario político bastante avanzado a su tiempo. Tenía la vida establecida en Barcelona pero en la década de 1920 decide volver y aquí lleva una intensa vida cultural. Dirige el semanario Felanitx, fue fundador de la Associació per la Cultura de Mallorca y colabora con La Nostra Terra o La Veu de Mallorca.

En Mallorca se sitúa al lado de destacadas figuras de la cultura o políticas.
— Él proviene de la Barcelona que hay un catalanismo radical y aquí se ubica al lado de figuras del socialismo progresista, como Alexandre Jaume o Gabriel Alomar, pero él era catalanista separatista. Creo que algunas veces se le ha situado al lado del mallorquinismo o conservadurismo regionalista pero Pere Oliver era un político muy diferenciado.

¿Cómo surgió la propuesta de volver a publicar estos dos textos de Oliver en un nuevo libro?
— El editor, Pau Vadell, conocía la historia de Oliver Domenge y también sabía que yo había estudiado su figura. Por ello insistía en dar a conocer la figura de Pere Oliver Domenge. Pau Vadell y Bartomeu Mestre Balutxo han trabajado mucho en la edición de este libro. Y sobre los textos hay que decir que corren el peligro de leerlos con la perspectiva actual pero hay que leerlos y ponerlos en el contexto en el que fueron escritos, en 1916. Con Colom intenta construir un referente político de la izquierda. Pero sí que nos muestran el ideario político de Oliver Domenge como bastante avanzado a su tiempo.

¿Qué hubiera sido de Mallorca si aquella generación, Emili Darder, Antoni Amer, Climent Garau, Joan Mas i Verd... hubieran continuado en el poder?
— Entramos en la historia ficción pero se ve en muchos factores, en la actuación política, cultural, económica o se ve en los proyectos que llevan a cabo en poco tiempo que se trata de gente con un proyecto muy pensado. Sin duda hoy seríamos una sociedad más avanzada de lo que somos. Hemos pasado una etapa de 40 años muy oscuros que aún continúa.

¿Con la llegada de la dictadura Oliver Domenge y su labor en Felanitx –aunque haya el mercado justo en medio del núcleo– desaparece?
— Nunca más se habla de él. Vive exiliado en Filipinas y aquí su familia debe ir amb el cap cot. Su esposa estuvo en prisión durante cuatro años, siendo una de las mujeres que más tiempo permaneció encerrada. Y a su vuelta de Filipinas, en 1952, le cuelgan la estrella de republicano y no le dejan abrir la farmacia. Su actividad nunca más vuelve a ser la misma de antes. Pero sí que inicia una serie de encuentros con intelectuales dentro de la clandestinidad. Creo que Oliver Domenge se convierte en un punto de referencia pero nunca sin tener un papel activo en el antifranquismo.