Jaume Sastre, Joan Puig y Bernat Fiol hablaron sobre los hechos ocurridos en la piscina de la Costa dels Pins. | Maria Nadal

9

«Si el Tribunal Supremo revoca la sentencia de la Audiencia Nacional que quita la concesión de la piscina de Pedro J., iremos a Europa. La lucha no ha terminado». El activista Jaume Sastre; el exdiputado por ERC Joan Puig, y el portavoz de Gadma, Bernat Fiol, participaron ayer en la mesa redonda que organizó la OCB de Manacor en el marco de las charlas que se celebran cada lunes.

Los tres implicados en la lucha contra la instalación que impide el derecho de paso por la costa de Son Servera fueron unánimes y reconocieron que fue una guerra de David contra Goliat, que aún no ha terminado.

En el patio lateral de la Torre dels Enagistes de Manacor, Sastre hizo un repaso cronológico por la historia de la piscina de la Costa dels Pins, que se remonta al año 2004. «Todo empezó porque Pedro J. y Ágatha Ruiz de la Prada presumieron de piscina en varias revistas. Si hubieran sido más discretos nada hubiera ocurrido porque a raíz de las publicaciones empezamos a investigar y salió a la luz la ilegalidad de su piscina».

Perder «la inocencia»

Noticias relacionadas

Sastre recordó que «fue en el verano de 2006 cuando la liamos mucho y entramos en la piscina. Ahí salió a la luz el verdadero poder de Pedro J. porque sus denuncias contra nosotros volaban y las nuestras tardaron once años en ir a juicio y se desestimaron porque el delito había prescrito. Por esta razón ahora no alabaré a la Audiencia Nacional porque la historia me ayudó a perder la inocencia y a no fiarme».

Bernat Fiol también cree que la lucha no ha terminado sobre todo porque «aún quedan 2.000 espacios públicos ocupados por piscinas o terrazas en Balears que impiden el derecho de paso y unos 500 caminos públicos cerrados. El tema de la piscina es una pequeña parte que dio la repercusión necesaria a nuestra iniciativa.Y puesto que empezamos la guerra debemos terminarla en Europa, si es que hace falta».

Joan Puig reconoció que su entrada en el recinto de la piscina le trajo «muchos quebraderos de cabeza».Habló sobre la «hipocresía del Estado en torno a este tema por el gran poder del personaje, que contrató a una empresa de detectives para hacerme un seguimiento. Pedro J. enloqueció, y salió a la luz que el Estado estuvo al servicio de una piscina, lo que demuestra el nivel de democracia que hay en España».