Los dos perros mataron a varias ovejas y a otras las dejaron muy malheridas. | Redacción Part Forana

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Los hechos acontecidos en la noche del pasado martes en una explotación ganadera entre Selva y Mancor de la Vall lanzan un balance dramático. Son ya 17 las ovejas muertas, bien por acción de los mordiscos de los dos canes en la misma noche del ataque, o bien por el sacrificio de los animales con graves heridas.

«Mataron todo cuanto encontraron», confiesa Pep Barceló, el joven ganadero afectado, sin muchas ganas de hablar al salir de las dependencias de la Guardia Civil, donde este jueves ha interpuesto la pertinente denuncia. Al parecer esos dos perros culpables de colarse en su finca y atacar y matar a su ganado presentan una tendencia al escapismo, puesto que consta que recientemente ya tuvieron que ir a recogerlos a un centro de conservación animal. «De la propietaria no sé nada. Debería ser ella la que venga a hablar conmigo, ¿no es así?» dice Barceló, quien en sus años como pagés nunca había visto nada parecido. «Lo malo de esto es que se te quitan las ganas de todo», sentencia.

Por su parte Joan Simonet, gerente de Asaja, lamenta con una particular mezcla de combatividad y hastío una situación que es recurrente en Mallorca, y que según su parecer se produce por la dejadez de los amos, que se desentienden de sus perros y no los vigilan convenientemente.

«En casos anteriores hemos visto como a las ovejas supervivientes les queda un trauma de por vida; muchas incluso pierden el cordero que estaban gestando» cuando una jauría saltó la tapia, o se dispersan por toda la finca o incluso más allá huyendo de los perros.

Cómo se puede solventar la situación. «En primer lugar los propietarios de los perros deberían tener un seguro que corra con las pérdidas económicas que estos han causado», dice Simonet, unas pérdidas que no se circunscriben tan solo a los animales muertos si no que van más allá.

«¿Y el disgusto con el que te quedas en el cuerpo?», apunta el gerente de Asaja, recalcando el hecho de que muchas ovejas de la última guarda atacada estaban embarazadas.

«No es aceptable que las personas mantengan a sus perros en según que condiciones, sueltos, a veces sin suficiente agua o comida, o semiabandonados en sus fincas o chalets. Pensamos que son un juguete y no lo son. En Asaja mantenemos la filosofía de ca que fa sang, ca que s’ha de sacrificar. En la Península tienen lobos, nosotros lamentablemente tenemos estos perros», indica Simonet, recalcando que cada año se producen en la Isla decenas de ataques de características similares a este, que en muchas ocasiones dan pie a un farragoso proceso judicial. Además, es posible que muchos más casos pasen desapercibidos y sin denuncia.