«El ayuntamiento se lava las manos y yo no olvido la mano de mi hija», afirma la madre. | Change.org

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Marilén González disfrutaba de un día de playa con su hija de 3 años en Cala Falcó (Calvià), cuando la pequeña se cortó en la mano con una botella de vidrio. Aquí empezó, según su relató, un calvario y una lucha que ya se ha prolongado seis años.

En un primer momento acudieron al chiringuito de la playa, para ver si podían ayudar con los primeros auxilios, pero solo tenían agua oxigenada y alcohol. Rápidamente, fue trasladada al hospital, donde según la progenitora, tuvo que ser intervenida de urgencia en una operación que duró más de siete horas.

«Al salir, el traumatólogo nos comentó que la niña se había seccionado seis tendones, una arteria y un nervio», y a día de hoy afirma que tiene secuelas en su mano derecha, su mano hábil.

Desde el local de restauración alegaron que el cristal debía haberlo dejado allí algún visitante, aunque los padres afirman que tienen pruebas que demuestran que en el chiringuito sirven bebidas en envases de cristal, e incluso que se organizan fiestas ilegales con alcohol.

Ante la negativa de responsabilizarse de lo sucedido, decidieron judicializar el caso, haciendo copartícipes de los hechos al Ajuntament de Calvià, pero finalmente, la Justicia no les dio la razón.

«Hemos recibido una sentencia hecha por un sustituto que se dedicó a copiar y pegar textos de otros casos, sin argumentos para aludir la responsabilidad. Ahora nos vemos obligados a recurrir y es nuestra última oportunidad para que lo que le sucedió a mi hija no vuelva a pasar, y que los responsables se hagan cargo del mal uso del chiringuito en una zona pública». Por todo ello, han emprendido una campaña de recogida de firmas en el portal Change.org.